Editorial

La burbuja de la deuda soberana

Los veinte países más ricos del mundo terminarán este año con una deuda pública emitida superior a los 15 billones de dólares, lo que supone para cada uno de ellos superar el 100% de su PIB, con una fuerte aceleración en los últimos años para atender las necesidades generadas por la crisis financiera y económica. Es una cantidad mareante, pero no infinanciable, dada la abundancia de liquidez.

 Ayer el BCE, reacio a entrar en la dinámica de recomprar títulos de deuda (pública y privada) para estimular la economía, llamó la atención sobre el riesgo de haber creado algo parecido a una burbuja tanto por la emisión constante de títulos como por la búsqueda compulsiva de rentabilidades por parte de los inversores. Que hay riesgo es evidente, puesto que el más mínimo temor a un impago de uno de los emisores generará un aluvión de ventas. Hasta ahora las políticas de los bancos centrales, las activas y las pasivas, han logrado neutralizar tal posibilidad anestesiando el riesgo. Pero los Gobiernos deben controlar sus cuentas para no generar déficits y deudas adicionales, y el BCE, manteniendo vigilada la situación, debe evitar la contribución adicional al problema con compras de papel. El mensaje de ayer, a una semana de la reunión del consejo, debe interpretarse como un aviso a navegantes en ese sentido.