Editorial

La riqueza vuelve a los hogares

Los signos vitales de la economía española regresan poco a poco a niveles anteriores a la crisis. El último indicador que confirma esa tendencia –la diferencia entre los activos y los pasivos en los hogares– arroja un saldo superior al billón de euros, cifra que no había vuelto a alcanzarse desde 2006. Los motivos que explican esta recuperación de las economías domésticas son fundamentalmente dos: la fuerte reducción del endeudamiento, íntimamente relacionado con el desplome del sector inmobiliario y con la caída del consumo, y el repunte del ahorro. Este proceso de lenta mejora comenzó a partir de 2008, cuando la riqueza de los hogares cayó a su nivel más bajo desde 2000, tras años de un elevado endeudamiento ligado a la inversión en vivienda y de dirigir buena parte del ahorro familiar a la compra de acciones y otras participaciones.

La virulencia y duración de esta crisis económica ha obligado a los hogares a afrontar un duro proceso de desendeudamiento y a recuperar una cultura económica que vuelve a apostar por el ahorro. De los 871.000 millones de euros que debían las familias en préstamos a largo plazo en 2008 se ha pasado a 760.000 en 2013, un ajuste llevado a cabo prácticamente en 2012 y 2013. A ello se ha sumado la migración del ahorro familiar desde la inversión en Bolsa a fórmulas más conservadoras, como es el caso de los depósitos y de otros instrumentos con menor volatilidad, que reflejan una obligada vuelta a la austeridad y la prudencia económica.

Pese a todo, algo ha comenzado a moverse en la economía de las familias españolas. Desde el año pasado los hogares han vuelto a poner su mirada en los valores bursátiles, animados por la mejora de los indicadores macroeconómicos, por la mayor tranquilidad en los mercados financieros y por la relajación de la prima de riesgo. Ese proceso debería culminar en la recuperación de un consumo que, de momento, se está haciendo esperar. El esfuerzo de austeridad y de contención en el gasto que ha traído consigo el largo invierno económico no sólo ha sido obligado y necesario, sino que ha servido para reinstaurar una cultura de economía doméstica que planifique el futuro más allá del día a día. Pero esa etapa ya se ha completado y debería ir seguida cuanto antes por la vuelta a un esquema de gasto familiar equilibrado y responsable.

Uno de los retos para lograr ese objetivo es apostar por recuperar una política crediticia que facilite las decisiones de compra de los ciudadanos. Ambas variables –tanto el consumo como el crédito– se han convertido en dos elementos claves para alimentar la lenta recuperación económica de España y mejorar en lo posible las actuales previsiones de crecimiento.