Bruselas confía en lograr un acuerdo con Moscú esta semana

La UE endurece el tono pero mantiene la negociación

Un protestante prorruso, en la ciudad de Luhansk, en el este del país. Ampliar foto
Un protestante prorruso, en la ciudad de Luhansk, en el este del país. REUTERS

La escalada de tensión en el este de Ucrania provocó el lunes una respuesta muy calibrada del consejo de ministros de Exteriores de la Unión Europea, que endureció el tono hacia Rusia pero mantuvo abierta la puerta de negociación. El Consejo se limitó a anunciar la ampliación del listado de personalidades rusas que no podrán entrar en territorio europeo y a a las que se congelarán las cuentas de que dispongan en bancos europeos. Pero la reunión de ministros en Luxemburgo no desencadenó la llamada tercera fase de sanciones, que consistirán, llegado el caso, en represalias comerciales contra Rusia, incluido un posible embargo de armas.

Bruselas todavía confía en lograr una salida diplomática a la mayor crisis de seguridad del continente desde la desintegración de Yugoslavia. Y espera que se pueda alcanzar un acuerdo con Moscú en la reunión que este jueves celebrarán en Ginebra los representantes de la política exterior de la UE, EE UU, Rusia y Ucrania.

El ministro francés, Laurent Fabius, aseguró que si el jueves no se alcanza un acuerdo la UE convocará una cumbre extraordinaria para poner en marcha las represalias comerciales contra Rusia. La Comisión Europea aprobará hoy la repercusión económica que tendrían las sanciones, en especial para los países europeos.

Mientras tanto, la Unión prefiere concentrar sus esfuerzos en el apoyo económico al gobierno de Kiev. Los ministros de Exteriores aprobaron ayer concederle un préstamo de 1.000 millones de euros, pagadero en 15 años. La ayuda se uniría a los 610 millones de euros concedidos en 2010, pero que todavía no se han desembolsado.

Y es que ambos préstamos están supeditados a que Ucrania acepte un rescate del Fondo Monetario Internacional, cuyas condiciones (como la subida del precio del gas a la población) provocaron que el gobierno del defenestrado Viktor Yanukovich renunciara a la ayuda internacional.

La UE también ha aprobado la concesión inmediata y hasta el 1 de noviembre de una rebaja de aranceles a las exportaciones ucranianas hacia el mercado europeo.

La Comisión Europea calcula que ese trato preferencial permitiría a las empresas ucranianas ahorrar hasta 500 millones de euros en gravámenes en 12 meses.

La situación sobre el terreno, sin embargo, parece deteriorarse por momentos, con las rebeldes prorusos controlando edificios oficiales en varias ciudades del Este.

Tanto la UE como la OTAN y, por supuesto, EE UU, acusan ya abiertamente al gobierno de Putin de intentar desestabilizar al gobierno de Kiev y repetir en las provincias del este la misma operación que le permitió anexionarse Crimea.

El grifo del gas

El debilitado gobierno ucraniano ha intentado hoy poner freno a esa deriva, aceptando la posibilidad de celebrar el 25 de mayo, al mismo tiempo que las elecciones generales previstas para ese día, un referéndum sobre la estructura del Estado. La oferta parece responder a la demanda del Kremlin, que reclama una estructura federal con una gran autonomía para las zonas rusófonas del país.

Moscú también mantiene la presión sobre Ucrania, a la que amenaza con contar el gas por impago de sus deudas a Gazprom. Bruselas negocia una solución que podría pasar por sufragar en parte la deuda de Kiev con la gasística rusa, para evitar un corte que repercutiría gravemente en terceros países de la UE.

El enigmático apoyo de España a Moscú

Una vez más, España se ha alineado en Luxemburgo, durante la reunión de ministros de Exteriores de la UE, con los países europeos partidarios de contemporizar con Moscú a toda costa. La benevolencia de Madrid llama la atención la atención, porque España es uno de los pocos países de la UE sin dependencia del gas ruso y que, por tanto, no teme las represalias del presidente Putin.

La actitud de España ni siquiera ha variado después de que Rusia se anexionase Crimea mediante un referéndum que levanta sarpullidos en el ministerio español de Exteriores, encargado de la ofensiva internacional contra la consulta planteada en Cataluña.

Las fuentes consultadas atribuyen la comprensión del gobierno de Rajoy hacia el Kremlin a varios factores, aunque ninguna da una explicación convincente.

Algunos mencionan la masiva llegada de turistas rusos a las costas españolas. El año pasado los consulados españoles en Rusia concedieron más de un millón de visados. La cifra es significativa; pero España recibe 50 millones de visitantes. La inversión rusa tampoco alcanza grandes cotas (el 1% del total). A falta de razones económicas, surgen posibles motivaciones diplomáticas. España, en ese caso, estaría ganándose el favor de Berlín, la capital europea más comprensiva con Moscú. Y sumando puntos, de paso, para lograr un puesto en el Consejo de Seguridad de la ONU.