Berlín probará la primera aplicación de gestión de tráfico desarrollada por Siemens

La movilidad de toda una ciudad, en la ‘nube’

La compañía alemana presenta su solución en la feria mundial de movilidad urbana Intertraffic que se celebra cada dos años en Ámsterdam

Una ciclovía junto al carril de autobuses en Berlín.
Una ciclovía junto al carril de autobuses en Berlín.

Una sola aplicación desde la que Berlín puede gestionar el tráfico, la bicicleta pública, el coche compartido, las plazas de aparcamiento y el transporte público. Es la tecnología que Siemens prepara para la ciudad alemana y que el ayuntamiento podrá empezar a testar a partir del próximo mes de septiembre.

Tecnología en la nube es además la baza para pequeñas y medianas ciudades, con menos recursos que las megaurbes, de lograr ciudades más inteligentes que hagan el espacio urbano más amable para sus habitantes.

Este tipo de soluciones son el próximo paso de la compañía alemana, que esta semana participa en la feria Intertraffic, el mayor evento de movilidad urbana del mundo, que Ámsterdam acoge cada dos años.

Para sus nuevas soluciones, la empresa parte de la conclusión de que el transporte es el principal reclamo de los inversores cuando eligen una ciudad, muy por delante de la educación, la cultura o la salud, según un estudio realizado por la compañía. “En los próximos cinco años la gestión del tráfico será muy importante para la competitividad de pequeñas y medianas ciudades”, sentenciaron ayer algunos de sus responsables.

El tráfico es lo primero que valoran los inversores a la hora de elegir una ciudad

Para lograrlo, la compañía recomienda no tomar medidas drásticas, como cerrar el acceso de los coches al centro de la ciudad, sino hacer una gestión integral que tenga en cuenta un menor tráfico de vehículos, un mayor desarrollo del transporte público y de otros medios de movilidad como bicis y coches compartidos. Todo bajo un mismo paraguas tecnológico que permita a las urbes medianas disponer de soluciones con menores costes.

Londres –señalan– es el ejemplo a seguir. “Ha sido un éxito, en las últimas dos décadas se ha convertido en capital financiera, ganando competitividad y atractivo. Ese es ahora el reto de las urbes pequeñas y medianas”, comentó ayer uno de los responsables de la compañía.

La ciudad modelo impuso en 2003 un peaje a la entrada de vehículos en el centro para reducir las emisiones contaminantes. El sistema compensa a los coches más limpios y el 80% de los ingresos que obtiene el ayuntamiento por el peaje ha sido invertido en mejorar la red de transporte público.

“El éxito de este tipo de sistemas pasará por reinvertir sus ingresos en mejorar la oferta de transporte público. De esta forma, su aceptación será mayor”, explican.

Menos atascos

Holanda exporta todos los días 50 millones de flores. Para limitar el impacto de los 10.000 camiones que las transportan diariamente, Ámsterdam soterró parte del tráfico del centro. Así ha reducido los atascos y bajado en 10 minutos el tiempo de transporte diario.

El objetivo de la compañía es diversificar sus soluciones, en función de las necesidades de cada urbe. En Tel-Aviv, por ejemplo, la tecnología de Siemens gestiona el carril de circulación rápida (70 km por hora) de pago que la Administración ha implantado para entrar en la ciudad. El sistema calcula el pago de este peaje en función de la congestión del tráfico. “A algunos les parecerá que es un sistema para ricos, pero libera espacio en los carriles convencionales”, comentaron en la compañía.

En la pequeña ciudad de Potsdam (Alemania) se superaba 55 días al año el umbral de partículas finas, peligrosas para la salud. La Administración decidió frenar el tráfico mediante el control de los semáforos para ralentizar la circulación hasta que la contaminación disminuyera. El problema de esta nueva gestión del tráfico es que “resulta muy difícil de hacer y sus resultados son difícilmente medibles”.

Semáforos para llegar antes a casa

Tráfico en la avenida de los Campos Elíseos, en París.
Tráfico en la avenida de los Campos Elíseos, en París.

La forma más efectiva de reducir el tráfico en una ciudad es restringirlo. Sobre eso ni siquiera duda Siemens. Ahora bien, “no favorece la competitividad”, remacharon ayer los responsables de la compañía alemana, porque corta de un golpe seco el movimiento de mercancías, de servicios y la movilidad de los habitantes.

¿Cuál es entonces el mejor modelo? Según la empresa, aquel que mezcla la gestión del tráfico y la tecnología. Y aquí entran en juego los semáforos, aliados que “reducen la contaminación, aportan seguridad y nos llevan más rápidamente a casa”.

Cuando toda una ciudad avanza en coche más lentamente por las luces rojas que ralentizan el tráfico, bajan las partículas contaminantes, un problema que “no solo afecta a los países emergentes, sino también a los ricos, como se ha visto en París la semana pasada”.

La excepcional contaminación registrada en la capital gala obligó al ayuntamiento a tomar medidas de emergencia, imponiendo a los vehículos la circulación alterna según fueran días pares o impares.

La medida ha servido para reabrir de nuevo el debate sobre la amenaza para la salud de las partículas finas que emiten los vehículos diésel, mayoritarios en gran parte de los países europeos.