Desprecio al Parlamento Europeo

El Tribunal Constitucional de Alemania ha vuelto a menospreciar al Parlamento Europeo, una institución a la que considera poco más que un engendro de dudosa legitimidad democrática y de escasa representatividad.

En esta ocasión, el motivo para humillar al hemiciclo de Estrasburgo ha sido la sentencia (26 de febrero) que anula el umbral mínimo de votos (3%) fijado por la ley electoral alemana para acceder a un escaño europeo.

Ese tipo de umbral existe en muchos parlamentos, incluido el alemán (5%). Y se supone que pretende evitar la fragmentación política y facilitar la gobernabilidad.

Por supuesto, el criterio es discutible y hay quien lo valora como una simple maniobra para deshacerse de los grupos más incómodos del espectro político, sean en la extrema izquierda o en la extrema derecha.

Pero el Constitucional alemán no anula el umbral por un prurito democrático. O no solo por eso. Sino porque considera que el Parlamento Europeo solo tiene una vaga semejanza con los parlamentos de verdad. Y poco importa, por tanto, que se llene o no de eurodiputados elegidos por un porcentaje marginal de votos (en el caso de Alemania, el 1% bastará para sentarse en Estrasburgo).

El desprecio ha sido tan evidente que el gobierno alemán, en una tímida defensa del europarlamento, lo ha calificado como "el corazón de la democracia europea".

La sentencia admite que la ley electoral puede fijar umbrales para facilitar la aparición de mayorías parlamentarias estables que apoyen a un Gobierno. Pero añade que en el caso del Parlamento Europeo esa evolución es solo una aspiración política, que "sigue en la infancia".

Y los jueces alemanes tienen pocas esperanzas de que a corto plazo la Eurocámara alcance ni siquiera la pubertad. La sentencia duda, por ejemplo, de que la elección del próximo presidente de la Comisión Europea, que debe ser votado en el Parlamento, sea mucho más transparente que las anteriores, en las que fue elegido por los gobiernos de la UE.

No puede negarse que el Tribunal tiene razón y que en la peculiar estructura europea, ni el Parlamento Europeo ni la Comisión Europea son un parlamento o un gobierno al uso.

Pero sorprende la inquietud de los jueces alemanes por no dejar ni un voto sin representación en Estrasburgo, mientras que en Alemania, tras las últimas elecciones (2013), solo cinco partidos se sientan en el Bundestag y más de cuatro millones de personas "perdieron" su voto en casi una treintena de partidos que se quedaron fuera, incluidos algunos tan importantes como los liberales (un millón de votos), los piratas (963.000 votos) o los eurocríticos de AfD (819.000 votos).

En las europeas de 2009, según los datos del propio Tribunal, "solo" 2,8 millones de alemanes no vieron reflejado en escaños su elección. Y "solo" siete partidos se quedaron fuera del Parlamento Europeo con la aplicación de un umbra que entoces era del 5%, el mismo que en las elecciones nacionales.

Unos datos que indican que las togas rojas de Karlsruhe no están tan preocupadas por el nivel de representación democrática como por dejar claro el escaso respeto democrático que les merece el Parlamento Europeo. Algo que ya había mostrado en sus sentencias sobre el Tratado de Lisboa o en la que año pasado anuló el umbral del 5% en las elecciones al Parlamento. Ahora lo ha remachado y ni siquiera considera aceptable el límite del 3%.

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