Editorial

Una mejora acelerada de financiación

El Tesoro volvió ayer a los mercados tras el paréntesis navideño e inició la campaña de subastas de titulos de deuda del año con un éxito apreciable: captó más dinero del previsto, colocó una emisón a cinco años al tipos de interés más bajo de la historia del euro y vendió deuda a quince años con un volumen muy superior al estimado. Dos emisiones de largo plazo que dan una indiscutible pista de las intenciones del instituto emisor de estirar la vida de la deuda y disponer de calendarios más cómodos los años venideros. Los mercados tenían ayer, tras la euforia de los días pasados, la temperatura ideal, con un abaratamiento de los bonos hasta precios previos a la crisis de deuda soberana, con un diferencial en el caso del diez años de 180 puntos básicos sobre el bono alemán.

Esta súbita mejora de las condiciones de la deuda ha dado alas también a la Bolsa, arrastrada sobre todo por los bancos, que mimetizan de inmediato los movimeintos del mercado de bonos, puesto que es la referencia más esclarecedora para su propia financiación. Todos los bancos europeos han acogido con alivio esta relajación que despeja el camino de la financiación tras varios años de cepos continuos, y que además ensancha los márgenes de intermediación del negocio crediticio. Lógicamente este avance se traslada también, aunque no está claro que en simétrica proporción, a la financiación de las empresas, y tampoco con la misma flexibilidad a las grandes que a las pequeñas. Hay que recordar que la actividad crediticia en Europa está fragmentada por zonas geográficas, y también lo está por tamaño de las empresas, y que superar tales dicotomías es el trabajo de cirugía que el Banco Central tiene por delante. Ayer el presidente del BCE, Mario Draghi, aseguró que se atisban mejoras en estas variables, pero tampoco olvidó recordar que tiene la escopeta cargada por si fuere necesario utilizar munición más pesada en los meses venideros.

La tendencia de distensión en el mercado financiero es un hecho que reconocen ya las empresas, hasta hace poco temerosas por la marcha de su financiuación. Ahora sospehan que mañana se podrán financiar mejor, en cantidad y en precio, que hoy, mientras que hace un año aprovechaban cada ventana de oportunidad para cubrir sus necesidades porque la niebla impedía ver si mañana iba a ser mejor que ayer. Las grandes sociedades admiten que retrasan nuevas emisiones esperando mejores precios, aunque tal posibilidad encierra también una cierta pasividad en la política corporativa de inversión. La duda sigue estando en las empresas de pequeño tamaño y en las familias, que piden poco, pero les dan menos. La banca, capitalizada como está, en buena parte con el esfuerzo de los contribuyentes, debe trasladar ya a la clientela minorista la euforia que percibe en los mercados mayoristas. Es un imperativo para el crecimiento.

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