La mayoría de los parlamentarios mantienen su actividad profesional

Alemania debate sobre el paso de los políticos al sector privado

La canciller alemana, Angela Merkel, y el exministro Ronald Pofalla en una imagen de archivo.
La canciller alemana, Angela Merkel, y el exministro Ronald Pofalla en una imagen de archivo.

Por ello, la posibilidad de que el ex ministro de la Cancillería alemana Ronald Pofalla empiece a trabajar de forma inmediata en la compañía de ferrocarriles Deutsche Bahn ha desatado un fuerte debate en Alemania acerca de las prácticas de los lobbys y la posibilidad de fijar un “embargo” a los políticos que se van al mundo empresarial.

Pofalla, ministro de Angela Merkel hasta el pasado diciembre, se ha convertido en exponente de político que, de la noche a la mañana, puede pasar de un puesto de gran influencia, junto a la canciller, a un cargo en la presidencia de una empresa como Deutsche Bahn. No obstante, el cargo de Pofalla en la Deutsche Bahn está aún en el aire, puesto que el semanario Der Spiegel informaba el domingo de reticencias en la cúpula de esa empresa semiestatal por el presunto conflicto de intereses que implicaría incluirle en su presidencia.

Y este no es un caso aislado, ya que el ex compañero de gabinete de Pofalla, al frente de Economía y con rango de vicecanciller, Philipp Rösler, asumirá próximamente un puesto en el Foro Económico Mundial de Davos (Suiza), que año a año acoge a la élite del ámbito empresarial y político. Pofalla es diputado de la Unión Cristianodemócrata (CDU), mientras que Rösler, del Partido Liberal (FDP), quedó fuera del nuevo Parlamento por no haber alcanzado su Partido Liberal (FDP) el mínimo del 5 % de los votos en las pasadas elecciones generales.

Sobre ambos confluyen, sin embargo, las sospechas de que desde su gestión ministerial hicieron valer sus influencias o mimaron sus contactos para preparar su futuro una vez fuera del gobierno.

Dejar el escaño

El mero hecho de que se planteara la posibilidad de que Pofalla asumiera el cargo disparó las exigencias de la oposición –Verdes y La Izquierda– de que, cuando menos, deje su escaño de diputado.

Por todo ello, desde la organización LobbyControl se insiste en la necesidad de implantar un periodo de tres años de “embargo” entre el ejercicio de un cargo político y la asunción de cargos en lobbys.

La gran coalición de Merkel ha tratado de quitar hierro a la cuestión con el argumento de que Pofalla no es miembro del gobierno y que, por tanto, no es un “trasvase directo” desde un cargo ministerial a la compañía.

Así, su caso sigue al del secretario de Estado de la Cancillería, Eckart von Klaeden, asimismo de la CDU de Merkel, que seis meses después de dejar su cargo en el Gobierno, el pasado mayo, asumió un puesto en el consorcio automovilístico Daimler.

El contrato de Klaeden derivó en la apertura de un sumario por parte de la fiscalía de Berlín, por un presunto conflicto de intereses, lo que ahora -según Der Spiegel- parece haber activado las alarmas en la Deutsche Bahn.

En Alemania, la práctica de los lobbys es intrínseca a la política y la mayoría de los diputados mantienen viva su actividad profesional de origen, bajo la premisa de que no son “políticos profesionales”, sino que ocupan un mandato temporal. Deben rendir cuentas de sus emolumentos, sean fijos o derivados de conferencias o tertulias, bajo pena de fuertes sanciones, y desde la ley de transparencia de 2005 –bajo el gobierno de Gerhard Schröder– tales ingresos quedan publicados en la página de internet del Bundestag (cámara baja del Parlamento).

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