Tribuna

Ejecutivos, frágiles pero de una pieza

Me dedico desde hace años al counselling directivo. Trabajo con ejecutivos de forma individual para ayudarles en su desarrollo profesional y personal. El counselling –o counseling para los norteamericanos-, es una denominación utilizada y conocida en los países anglosajones en lo que se refiere a intervenciones psicológicas. Es frecuente encontrarla en aquellos psicólogos que se centran en el desarrollo vocacional y laboral y se ha extendido al apoyo psicológico en el desarrollo de todos los ámbitos de vida de una persona, sin distinguir lo profesional de lo personal.

La psicología concibe al ser humano como único y multifacético. El counselling directivo trata de reflejar esta concepción en el trabajo con profesionales y ejecutivos que viven una gran parte de sus vidas en entornos tremendamente específicos: las organizaciones empresariales.

Para la mirada psicológica, la escisión entre lo profesional y lo personal es inconcebible. Un ser humano no puede ser compartimentado. De hecho, a menudo son mis propios clientes quienes tratan erróneamente de compartimentar su vida diaria con el fin de lidiar mejor con ella. Intentan separar, incluso radicalmente, formas de pensar, actuar y sentir en los diferentes ámbitos, laboral y personal. Esta escisión suele ser un intento para preservar uno de esos ámbitos del contagio negativo del otro.

El ejecutivo tiene ante sí una tarea tremendamente exigente: debe obtener el mayor rendimiento para su compañía, para su equipo y para sí mismo en el terreno profesional, y a la vez tratar de alcanzar una razonable felicidad y tranquilidad en su vida personal, como cualquier otro ser humano. En ese duro intento, el desafío femenino es enorme, pero también lo es el masculino.

Así las cosas, es lógico que en momentos personales difíciles –por problemas de pareja o familiares, dificultades en la educación de los hijos…–, el directivo intente optar por separar de forma radical los ámbitos, ya que su empresa espera de él que salvaguarde su desempeño o lo recupere en un tiempo razonable –generalmente breve. Por el contrario, en momentos de crisis laboral o profesional, es la vida personal, familiar, de pareja o social, la que corre riesgo de resentirse. En muchos casos, éstas son las razones que llevan al ejecutivo a intentar compartimentar su vida.

Pero desafortunadamente la compartimentación sólo oculta o disimula los problemas y es esa ocultación la que genera después reacciones contrarias mucho más graves, como una olla a presión que no tiene espita de salida y acaba explotando. La comunicación con otras personas es fundamental, aunque sólo sea como liberación, pero no resulta fácil.

Es complicado comprender la potencia de este dilema del profesional si no se tiene la experiencia. El directivo –casi literalmente– vive en dos mundos diferentes todos los días; mundos con distintas normas, con diferentes compañeros de viaje y ejerciendo muy diversos roles. No es nada sencillo, en esos mundos, tener la oportunidad de compartir sensaciones y preocupaciones. La familia y los amigos no siempre entienden el contexto organizacional –su dimensión política, de gestión, social…– que el directivo vive todos los días. Por el contrario, ciertos problemas o sentimientos expresados en el trabajo pueden ser fuente de conflicto con el propio equipo o pueden ser entendidos por otros colegas o por los jefes como señales de vulnerabilidad.

Lo que es evidente es que la solución no vendrá con la compartimentación, sino más bien con la autenticidad y con la integración de la persona, que es la unificación entre lo que una persona siente, piensa y hace. Cuanta más integración haya entre estos tres aspectos, más fácil es poder gestionar las diferentes áreas al unísono, sin tener que escindirlas. Y muchas veces también escindimos los tres terrenos: lo que sentimos, lo que pensamos y lo que hacemos. Aunque a corto plazo es más sencillo –o aparentemente más adaptativo– mantener estos terrenos escindidos, a medio y largo plazo produce ansiedad, sensación de vacío y tomas de decisiones equivocadas.

Una parte importante del counselling directivo consiste en ayudar al profesional a integrar más todas las partes de sí mismo y a actuar de manera más unificada en todos los terrenos de su vida. Esta integración le permitirá avanzar de manera más efectiva en su desarrollo personal y profesional. También le ayudará a responder mejor ante situaciones difíciles en cualquier ámbito y ante los colaterales que estas circunstancias generan en el resto de su vida.

El acompañamiento psicológico a un directivo exige ser capaz de comprender las dinámicas conscientes e inconscientes del ser humano y conocer con profundidad las normas y formas de vida de una organización empresarial. El ser humano es multifacético y el trabajo con el ser humano, aunque sea un profesional inmerso en una compañía, también lo es.

 

Victoria Fernández Aguirre. Vfcounselling

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