El Foco

¿Por qué el euro llevó a la crisis?

La Comunidad europea aprobó en 1992 la moneda única, el euro, en el supuesto de que se llegaría a la indispensable política fiscal común que llevase a la prosperidad europea. Se alimentaba así una ilusión óptica que impedía ver que si lo que a primera vista parecía positivo era lo que a medio y largo plazo podía producir efectos extremadamente negativos como los que hoy Europa padece.

Pero no hay peor ciego que el que no quiere ver. Algo parecido se podría decir si es cierto que excusatio non petita accusatio manifesta del intento del lobby de las entidades bancarias, la AEB, de exculparlas de la prolongada recesión de la economía española y de las difíciles perspectivas de recuperación duradera.

Es verdad que la deuda del sector privado es la más elevada del mundo en relación con el PIB según afirmó un importante asesor de esa entidad y que el consiguiente desapalancamiento está llevando a una contracción de la demanda de crédito. Es verdad pero sólo parcial que es la peor de las mentiras. Olvidó decir que casi la mitad de ese endeudamiento – 800.000 millones - lo originó el recurso de las entidades de crédito para la financiación de un irresponsable y desmesurado aumento del crédito hipotecario cuando la construcción había comenzado a caer y se había agotado la financiación con los depósitos.

Parece que la causa principal de la persistente sequía de crédito sea más debida a problemas de oferta. Con la elevada y creciente morosidad la rentabilidad de las entidades de crédito debe ser mínima y las cargas de la enorme deuda exterior dificultan si no imposibilitan la concesión de crédito.

Parece que la causa principal de la persistente sequía de crédito sea más debida a problemas de oferta

Esta persistente sequía de crédito y la política de austeridad pública impuesta por Bruselas impidieron frenar la recesión generada a partir de 2008 por la implosión de la enorme burbuja inmobiliaria en 2006. Tanto el Banco de España primero como el INE después estimaron un crecimiento del 0,1% en el tercer trimestre de 2013. Coincidencia un tanto sorprendente.

El Banco de España basó su estimación en una aportación del sector exterior de cuatro décimas del PIB que superaba la caída tendencial de la demanda interna. Sin embargo el INE en vista de que las exportaciones caían ligeramente en volumen y las importaciones crecían moderadamente tuvo que basarse fundamentalmente en un ligero aumento del consumo a pesar de que una serie de factores sugería lo contrario. Primeramente las cargas financieras de la elevada deuda de las familias, y luego la caída del empleo según la EPA en el tercer trimestre corregida de estacionalidad, que también lo hacían los salarios reales y el crédito a las familias mientras siete millones de pensionistas soportaban una caída del poder adquisitivo del 0,6% al sufrir un aumento medio anual del IPC del 1,6%.

La economía podría registrar una caída del 1,4% en 2013 si continúa reduciéndose la aportación del sector exterior apenas compensada por la iniciada expansión de la demanda interna que al entrar en 2014 se va a ver frenada por unos presupuestos restrictivos y por la continuada sequía de crédito. Y a juzgar por la apreciación del euro y el escaso crecimiento previsto para Europa la aportación del sector exterior, de haberlo, en 2014 va a ser mínima como también lo será el crecimiento económico, insuficiente por tanto para crear empleo.

Se esperaba que después de su victoria electoral la canciller Merkel aplicase una política europea en Alemania, pero a juzgar por el programa político con su socio el SPD esas esperanzas se han disipado. Para empezar el SPD ha vendido sus declaradas convicciones europeas por un plato de lentejas. En el programa común las reformas siguen siendo el único medio de crecimiento de los países periféricos, la prometida y tan necesaria unión bancaria pierde toda su substancia tal como se propone en el programa y por último se insiste en la absoluta necesidad de reducir la deuda soberana de los países periféricos.

La economía española tiene medios sobrados para hacer frente a esa situación

Y eso es lo preocupante para España que tiene una necesidad imperiosa de crecer para crear empleo y normalizar su elevada tasa de paro, pero está obligada a cumplir las condiciones del Pacto Fiscal Europeo que entre otras cosas establece que los países con una deuda soberana superior al 60% del PIB deben reducirla a ese límite en veinte años. Esa deuda no tardará en alcanzar el 100% del PIB y su reducción gradual sería asumible si fuese medianamente rentable, pero en realidad se contrajo en el largo periodo de falso y elevado crecimiento con fines mayormente partidistas para financiar consumo populista que hoy hay que pagar con creces.

La reducción de la diferencia de la deuda soberana en veinte años supone el 5% anual de esa diferencia, es decir unos 20.000 millones anuales que aun suponiendo la habitual tolerancia de Bruselas sería una carga muy restrictiva. Pero la economía española tiene medios sobrados para hacer frente a esa situación. Para empezar eliminando el despilfarro de los cuantiosos recursos públicos que origina la extendida y desmoralizante corrupción; después es preciso que quien quiera esté en el poder se atreva a conocer y hacer pública la situación real de la economía y aplique las medidas necesarias para que esos recursos se empleen debida y equitativamente antes de que como hasta ahora vengan hombres de negro o de gris a decirnos a veces erróneamente lo que debemos hacer.

 

Anselmo Calleja. Economista y estadista

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