Agustín Santolaya, director de Bodegas Roda
“No creo en los enólogos estrella, creo en los equipos”

“No creo en los enólogos estrella, creo en los equipos”

Roda, la bodega que dirige acaba de cumplir 25 años. Agustín Santolaya (Villamediana de Iregua, La Rioja, 1960) es el más dandi de los bodegueros. Cuando habla siempre sonríe. Es ingeniero técnico agrícola por la Universidad de Zaragoza y máster de Viticultura y Enología por la Universidad de La Rioja. Pertenece a una familia de bodequeros, ha sido profesor de viticultura en el citado campus, ha trabajado como consultor y desde 1998 es director general de Bodegas Roda en La Rioja y Bodegas La Horra en Ribera del Duero.

Pregunta. ¿Cómo llega hoy día una bodega a cumplir un cuarto de siglo?

respuesta. Lo fundamental en los negocios es no cometer errores, ir poco a poco, saber dónde se quiere ir pero despacio. Comenzamos con 30.000 botellas y poco a poco hemos llegado a las 300.000 unidades. También hemos mantenido una política de precios inteligente correspondiente a la calidad que ofrecemos. Nunca hemos bajado el precio, en este sentido hemos marcado tendencia, y lo hemos subido en función del IPC.

P. ¿Incluso con la crisis no han ajustado precios?

r. En 2009, debido a la coyuntura económica, hemos mantenido precios y hemos ajustado la producción a la demanda. Es curioso, pero durante mucho tiempo hemos sido una bodega visitada por aquellos que querían montar una bodega. Además, muchos inversores te comentaban que iban a comenzar elaborando 300.000 botellas. Yo siempre recomiendo que hay que ir poco a poco, con proyectos ajustados a la realidad y con humildad.

P. ¿Es importante tener definido un criterio empresarial?

r. Sin duda. Por suerte, en esta bodega, la propiedad, en la persona de Mario Rotllant [vicepresidente del embotellador Coca-Cola Iberian Partners, empresario que fundó la bodega junto a su entonces esposa Carmen Daurella], no ha dado bandazos a lo largo de estos años. Roda ha nacido sabiendo lo que quería ser, sabían el número de botellas que querían llegar a elaborar, la calidad por la que apostaban y sobre todo el deseo de aportar algo nuevo al modelo riojano.

P. ¿Cuáles eran esas novedades?

“No creo en los enólogos estrella, creo en los equipos”

R. Por ejemplo, crear una marca con el mismo nombre del vino, de manera que hubiera una gran identificación entre ambos. A finales de los ochenta se fusiona la viticultura y la enología, que hasta entonces eran compartimentos estancos. El enólogo no salía al viñedo y ahora está perfectamente integrado. Y esa visión de cambio la tuvo Mario Rotllant, haciendo posible esta integración, a la que también se vinculan los distribuidores. Roda no nació como un capricho, sino como un negocio. También fuimos pioneros en el modelo de viñedo viejo, de conseguir viñas viejas.

P. No debe ser fácil entrar en una tierra con tradición vinícola como La Rioja y que no les vieran como unos advenedizos.

R. El secreto está en no hacerlo a codazos, sino con elegancia. Pusimos un anuncio en el que se decía: viticultor, compramos uva de viña vieja, pagamos al contado. Y lo de pagar al contado era una novedad. Y fuimos creando un club de proveedores al que compramos la uva, era gente mayor que no tenía continuidad en el sector.

P. ¿Por qué le confían la dirección de la bodega a usted?

R. A mí lo que me dijo Mario es que no quería copiar lo que hacían otros, querían hacer riojas profundos, transmitiendo el paisaje; también me dijo que, al contrario de lo que pasa en otras bodegas riojanas, no tenía cien años para conseguirlo. Llega gente joven y me confían a mí el desarrollo del proyecto. Yo era profesor en el máster de Viticultura y Enología en la Universidad de La Rioja, hacía consultoría y llevaba la exploración de mi finca... Trabajé con la familia Palacios [dedicada al negocio de los embutidos], con un grupo constructor... Me adaptaba a lo que quería el empresario.

P. ¿Tiene capacidad de adaptación?

R. Al principio teníamos un comité de gestión formado por cuatro personas, cada uno contábamos con un 25% de responsabilidad. Las decisiones tenían que ser unánimes y, en caso de no conseguirlo, era Mario quien decidía. Pero enseguida vimos que esa fórmula no era viable y vimos que era necesario tener un director general. Yo soy un hombre de campo y al principio no me gustaba la cuenta de explotación, pero ahora mi visión global del negocio es importante. Lo bueno es que Mario deja trabajar con libertad, aunque está muy pendiente de todo lo que sucede en la bodega.

P. ¿Qué aporta usted a la bodega?

R. He aportado coordinación entre la gente y sobre todo lidero un equipo. No creo en enólogos estrella, no puede haber una persona capaz de hacerlo todo. Creo en los equipos, y Roda lo es. Yo no soy importante. Además tenemos una rotación baja, y eso que el área comercial es de una gran volatilidad, ya que cuando consigue un buen resultado en ventas quiere que se le responda a ese valor que ha generado.

P. ¿Nunca ha tenido ofertas de las bodegas vecinas para ficharle?

R. He tenido ofertas, pero no me he sentido atraído. Soy hombre de campo y soy fiel al proyecto con el que me siento a gusto.

P. ¿Roda es rentable?

R. Facturamos cinco millones de euros, somos 30 personas en plantilla y tenemos un modelo de negocio rentable. El proyecto comienza en 1987 y hasta 1996 no se vende la primera botella. Y es en 1998, con tres cosechas en el mercado, cuando la bodega entra en números negros. Ha habido momentos de menor rentabilidad, pero el modelo de negocio es sólido y con continuidad. El mejor vino de Roda no lo va a hacer esta generación.

Normas