La desigualdad y la estabilidad de la divisa siguen siendo retos pendientes
Las agridulces conquistas de la economía sudafricana

Las agridulces conquistas de la economía sudafricana

En uno de sus primeros discursos tras salir en libertad después 27 años de prisión, Nelson Mandela proclamó que “es necesario un profundo cambio en nuestro sistema político y económico para corregir las desigualdades creadas por el apartheid”. La transición liderada en 1990 por Mandela hacia una Sudáfrica democrática aspiraba a integrar a la población negra del país (el 84%) en una economía liberal. El derrocamiento pacífico del sistema racista del apartheid acabó con las leyes segregacionistas en el mercado de trabajo y en el mundo de las empresas. El PIB sudafricano ha crecido un espectacular 84% durante la etapa democrática hasta aupar al país al podio de los BRICS. La población negra ha mejorado su nivel adquisitivo, pero su tasa de paro aún multiplica por seis la de los blancos y la clase media negra apenas supone todavía el 13% del total.

“En 1994, había mucha preocupación por cómo se desarrollaría el cambio a una economía que había excluido a más de un tercio de la población”, reconoce declaraciones a CNBC, Gina Schoeman, economista de Citi en Johannesburgo. Mandela tuvo que lidiar en su primer y único mandato presidencial (1994-1999) con las sanciones comerciales que varios países habían impuesto la dictadura Sudafricana. “Madiba fue muy hábil en recomponer los lazos comerciales que habían roto las sanciones, lo que nos permitió sobre todo apoyarnos de nuevo en Estados Unidos y Europa”, añade Schoeman.

Una de las claves que apuntan la mayoría de los analistas para entender el acelerón económico de Sudáfrica es la estabilidad de las instituciones creadas por el gobierno de Mandela y, en especial, su decisión de no nacionalizar los yacimientos mineros y el resto de sectores estratégicos, desmarcándose de las políticas de su vecino Zimbawe. “Mandela fue muy pragmático en materia económica. Rechazó las políticas de nacionalización que estaban en la agenda de su partido, el ANC”, señala Attard Montalto, economista de Nomura.

El PIB de Sudáfrica aumentó considerablemente durante la primera década de la democracia. Pasó de un 1,5% entre 1980 a 1994 a casi el 3% desde 1995 a 2003. Según un estudio de la universidad de Cape Town recogido por Bloomberg Businessweek, la renta per cápita de los sudafricanos blancos creció un 62% en estas dos décadas, mientras que el ingreso medio de la mayoría negra subió un 93%. Pero el punto de partida de cada una de las comunidades era radicalmente diferente, por lo que en términos de equidad este desarrollo de la renta apenas ha tenido consecuencias. En 1993, el africano blanco medio tenía unos ingresos que nueve veces mayores que la media negra. La brecha salarial apenas ha bajado y en 2008 la diferencia era uno a ocho.

También existen otros borrones en la economía de la nueva Sudáfrica. El FMI prevé un frenazo de la actividad para este año (menos de un 2%), en gran medida por la caída del precio del oro. Los economistas están preocupados también por el abultado déficit por cuenta corriente, que roza el 7% del PIB. Su divisa, el rand, es considerada como una de las más frágiles dentro de los emergentes. Ha perdido un 18% en relación al dólar en lo que va de año. La depreciación del rand no ha contribuido sin embargo a un acelerón de las exportaciones. Sectores como el eléctrico y las infraestructuras son las grandes cuentas pendientes de Sudáfrica, en gran medida por las débiles inversiones internacionales en estos campos, según Schoeman.

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