Editorial

Freno europeo a la erosión fiscal

Desde los años veinte del siglo pasado, la comunidad internacional ha intentado evitar la doble imposición, una lacra que puede dañar el comercio transfronterizo y frenar la globalización. La UE se encuentra a la vanguardia en ese combate y ha concedido a las empresas todo tipo de facilidades para que exploten el potencial de un mercado de 500 millones de personas. Entre esas ventajas figura la posibilidad de transferir beneficios y dividendos entre las filiales de una multinacional y su matriz, para saldar la factura fiscal en un solo lugar. El problema, según Bruselas, es que la ingeniería fiscal de las grandes empresas reduce al mínimo esa factura, hasta el punto de dejarlas con una imposición efectiva media que no llega al 5%. En el caso de empresas con domicilio fuera de la UE, la ventaja es aún mayor porque repatrían beneficios a través de algún país europeo que exima por completo de impuestos esa operación. La Comisión Europea, con buen criterio, aprobó ayer una modificación de la directiva de matrices y filiales que pretende corregir el problema, al establecer una cláusula antiabuso que permitirá suspender la libre circulación de dividendos. El problema es que para entrar en vigor necesita el visto bueno de los 28 socios de la UE. Y no todos sufren por igual la erosión fiscal.

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