Los socialdemócratas piden 8,5 euros por hora trabajada
Angela Merkel, ayer en un acto en Berlín
Angela Merkel, ayer en un acto en Berlín

Merkel acepta el salario mínimo para cerrar el pacto con el SPD

Tras las maratonianas reuniones mantenidas por los equipos negociadores de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y los socialdemócratas del SPD, la canciller alemana Angela Merkel aprovechó su intervención ante un foro empresarial para anunciar que aceptará la fijación de un salario mínimo social. Esta era la principal contrapartida que exigía el SPD para formar una coalición de Gobierno. Dos meses después de las elecciones generales celebradas el pasado 22 de septiembre, Merkel sugirió que está muy cerca de ser nombrada canciller federal de Alemania por tercer mandato consecutivo.

En su discurso, pronunciado en un foro organizado en Berlín por el diario Süddeutsche Zeitung, Merkel reclamó al SPD compromiso, ya que recordó que ella ha aceptado condiciones “que no son de la casa democristiana”. El salario mínimo ha sido durante años rechazado de forma tajante en los sectores empresariales de la CDU, argumentado que lo único que provocaría sería encarecer los costes de entrada al mercado laboral y generar más parados. De hecho, Merkel aseguró en su discurso que el futuro Gobierno tratará de limitar la pérdida de puestos de trabajo que conllevará la medida. La propuesta de máximos presentada por el máximo representante de los socialdemócratas, Sigmar Gabriel, establece que los trabajadores alemanes cobren, al menos, 8,5 euros por hora trabajada en todo el país. Esa medida fue impuesta como imprescindible para formar Gobierno. Ante la posibilidad de tener que buscar apoyo entre los Verdes o gobernar en solitario, Merkel ha preferido sacar a Alemania de la lista de países en los que no hay salario mínimo, en la que se mantienen Dinamarca, Italia, Austria, Finlandia, Suecia y Noruega.

Para una jornada media de 7,5 horas diarias, el salario mínimo, si se mantiene la propuesta del SPD, algo a lo que Merkel no parece estar muy dispuesta, se situaría por encima de los 1.400 euros, lo que colocaría a Alemania entre los países donde esa cantidad es la más elevada. En el ranking europeo, el salario mínimo más alto lo paga Luxemburgo (1.874,1 euros), seguido por Bélgica (1.501,8), Holanda (1.477,8) y Francia (1,430,2). Ya lejos se sitúa España, con un salario mínimo de 752, 4 euros (14 mensualidades de 654,3) y muy por debajo aparece Bulgaria, la última de la clasificación, con 158,5 euros.

Las negociaciones también parecen haberse encarrilado en materia fiscal. Merkel ya ha hecho público que no subirá la presión fiscal a las rentas altas, tal y como pedía el SPD, y tampoco permitirá jubilarse a los 63 años a aquellos trabajadores que hayan cotizado más de 45 años. “Es necesario comprometerse con la jubilación a los 67”, aseguró.

En donde si parece que hay principio de acuerdo es en mantener la senda de consolidación fiscal marcada por Merkel en la anterior legislatura, de tal como que se mantiene el objetivo de llegar a 2015 sin déficit presupuestario. Lo que todavía no ha sido definido, y parece que será el gran caballo de batalla al que van a enfrentarse los socialdemócratas para satisfacer las exigencias de su electorados (el acuerdo deberá ser aprobado por las bases del SPD, que someterá el documento al voto de sus casi medio millón de militantes), es el margen de gasto del que dispondría la coalición para acometer una serie de proyectos cuyo coste inicial se ha estimado en 50.000 de millones de euros.

Draghi rechaza las críticas al superávit alemán

El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, dio ayer una de cal y otra de arena a Alemania al defender su superávit comercial frente a los críticos y al rechazar al mismo tiempo por “injustas” las quejas germanas sobre su política monetaria.

Draghi intervino también en el mismo foro organizado por el periódico alemán Süddeutsche Zeitung y no se mordió la lengua al terciar en la polémica en torno a la creciente diferencia entre las exportaciones y las importaciones alemanas, lo que ha generado un “superávit excesivo”. Algo que Bruselas ha tachado de desequilibrio macroeconómico últimamente y por lo que le ha abierto un expediente sancionador, algo inédito en la historia del euro. “En estas discusiones sobre lo que Alemania debería o no debería hacer algo es claro: no se puede hacer al débil más fuerte debilitando al más fuerte”, afirmó.

A su juicio, la economía alemana “se ha orientado en una dirección que beneficia a todos los países europeos” al apostar por un sector exterior competitivo y de calidad. En esta misma línea, el secretario de Estado de Comercio, Jaime García-Legaz, rechazó las críticas a Alemania. ““Los alemanes saben mejor que nadie como manejar su política presupuestaria. No tiene sentido cuestionar un modelo económico que ha funcionado”, apuntó.

Draghi sí se mostró muy crítico con las críticas germanas a su política monetaria, espoleadas en las últimas semanas por la decisión del BCE de reducir los tipos de interés al 0,25%. “Es profundamente injusto acusar al BCE de que favorece a algunos países o en contra de otros. Las decisiones (de la autoridad monetaria) se basan en la economía y solidas evidencias”, señaló. Draghi alegó que la actual situación de tipos bajos es la mejor de las posibles.

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