Existe el temor a que la banca repercuta el gravamen sobre el cliente
El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro.
El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro.

¿Cómo puede afectar a mi ahorro el impuesto a los depósitos bancarios?

Ya son seis las comunidades autónomas que han adoptado el impuesto sobre los depósitos bancarios, tras sumarse Valencia la semana pasada, mientras el Gobierno mantiene en revisión el tributo estatal que creó para anular precisamente estas iniciativas autonómicas sobre la banca.

¿Qué es el impuesto a los depósitos de la banca?

Se trata de un impuesto a la banca en función del volumen de sus depósitos. Para evitar que las comunidades autónomas aplicaran una tasa propia, dado que no se puede gravar dos veces el mismo hecho imponible, el Gobierno creó en diciembre de 2012 un gravamen de carácter estatal al introducir el PP una enmienda en la Ley de Medidas Tributarias que acompañó los Presupuestos de 2013. Entró en vigor el 1 de enero de 2013 a un tipo cero.

¿Qué comunidades autónomas lo han planteado?

Extremadura, desde 2001, Andalucía y Canarias eran las comunidades autónomas que tenían vigente el impuesto, que quedó suspendido al aprobarse la tasa estatal. Cataluña lo aprobó apenas una semana antes de que lo hiciera el Ejecutivo, mientras en Asturias se acababa de incluir en los presupuestos del Principado. La Comunidad Valenciana ha sido la última en apuntarse al impuesto sobre los depósitos a partir del año próximo.

¿De dónde viene la polémica?

Mientras el Gobierno interpuso un recurso ante el Tribunal Constitucional al considerar que las autonomías no tenían competencia sobre este impuesto, lo que provocó la suspensión temporal del tributo en Cataluña y Asturias, las comunidades recurrían, a su vez, el gravamen estatal.

Tras levantar el Tribunal la suspensión cautelar a la aplicación del impuesto en Cataluña y en Asturias, ambas autonomías tienen vía libre para cobrarlo. Si bien, el alto tribunal todavía no se ha pronunciado sobre el fondo del asunto, que afecta a las regiones que ya aplicaban esta tasa.

Con el fin de compensar a las comunidades afectadas por la anulación de sus respectivas tasas, Hacienda anunció el pasado mes de marzo su intención de elevar el citado impuesto estatal del tipo cero actual al 0,02%. No obstante, las resoluciones del Constitucional han llevado al Gobierno a cambiar su postura y ha asegurado que está “revisando el contenido y la aplicación del impuesto”, y no descarta devolverlo al ámbito regional.

¿Cómo se cobraría el impuesto?

El Ejecutivo ha explicado que el impuesto recae sobre las entidades financieras y, en ningún caso, sobre los depositantes. Así, si el volumen total de depósitos contratados en España asciende, según datos del Banco de España, a 1,20 billones de euros hasta septiembre, un impuesto estatal a la banca del 0,02% tendría un coste para las entidades de 240 millones de euros (recaudación que, según el Gobierno, iría destinada a resarcir a las autonomías).

Andalucía, Canarias, Cataluña, Asturias, y ahora Valencia, prevén un gravamen máximo del 0,5%. En Extremadura es de hasta el 0,6%. Si el tipo del 0,5% se extendiese al resto de comunidades, exceptuando Madrid, que con un volumen de depósitos de 366.222 millones de euros no ha mostrado su interés en aplicar este impuesto, la factura para la banca alcanzaría los 4.200 millones de euros.

¿Qué repercusión podría tener sobre los depositantes?

Se teme que las entidades financieras, para poder compensar los gastos derivados del impuesto, acaben trasladando el gravamen a los depositantes, bien en forma de comisiones bien rebajando las rentabilidades de los depósitos.

Calculadora en mano, para un depósito de 100 euros, una posible comisión del 0,02%, en caso de que finalmente prevalezca el impuesto estatal, supondría un coste de dos céntimos de euro para el cliente. Para un importe de 10.000 euros, el coste sería de 2 euros y, en el caso de 100.000 euros, de 20 euros.

Pero si el impuesto es más alto, tal y como prevén las comunidades, la banca tendría más dificultades a la hora de repercutirlo en los clientes, dada la feroz competencia por captar el pasivo.

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