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El fallo de JP Morgan en Twitter

El error de JPMorgan el miércoles revela múltiples fracasos. La entidad de Wall Street emprendió una rápida retirada de una ronda de preguntas y respuestas que se había propuesto organizar en Twitter con su mayor banquero, Jimmy Lee, después de recibir un aluvión de respuestas sarcásticas a una solicitud de tweets bajo la etiqueta #askJPMorgan (pregunte a JPMorgan). El episodio sugiere que los ejecutivos del banco no comprenden la función pública de la red social ni cuánto se maldice a los bancos.

No debería sorprender que los altos ejecutivos del banco de Nueva York dirigido por Jamie Dimon no previeran tal reacción. Pocos, si hay alguno, parecen estar activos en Twitter, a pesar de que JPMorgan ayudó a dirigir el debut bursátil de la empresa la semana pasada. Pero cualquiera que tenga un interés pasajero en la plataforma sabe que los usuarios son duros, caóticos y prácticamente imposibles de controlar.

Así que pedir comentarios a los tuiteros era buscarse problemas. Hacerlo cuando tu banco se ha pasado los últimos 18 meses siendo el chivo expiatorio estadounidense de cada infracción financiera, desde perder 6.000 millones de dólares en transacciones dudosas a multas por chanchullos hipotecarios.

Al cancelar su salida a la esfera de la red social, el banco perdió la posibilidad de utilizar el portal en su beneficio

JPMorgan logró agravar el error al cancelar su salida a la esfera de Twitter. Eso le quitó la oportunidad de demostrar que es lo suficientemente astuto como para utilizar el portal en su beneficio. Respuestas bien pensadas a las preguntas más sobrias de personas que sufren ejecuciones hipotecarias podrían haber demostrado que el banco tiene corazón.

JPMorgan no es la única empresa que lucha contra la frontera de Twitter. McDonald’s y otros también lo hacen. Esto plantea una cuestión grave a Twitter y sus accionistas: ¿cómo va a aumentar los ingresos si a las empresas les parece una plataforma hostil? Y a diferencia de Jimmy Lee, Twitter no puede simplemente esquivar el problema refugiándose en una acogedora oficina en Manhattan.

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