Eduardo Mendoza: "No soy de ningún lugar"

Eduardo Mendoza: "No soy de ningún lugar"

"No soy de ningún lugar". La afirmación sorprende en estos tiempos de genealogías cultivadas con riego a goteo. Pero viniendo de Eduardo Mendoza parece su mejor partida de nacimiento.



Mendoza, uno de los novelistas contemporáneos en lengua española más traducidos, está de gira por Bélgica. Y en Bruselas, capital mestiza del continente, ha reivindicado unas raíces más extensas que profundas, con flujos de sangre catalana, asturiana y valenciana. El padre de Mendoza, como tantos funcionarios, se mudó de una ciudad a otra. Y eso, dice el escritor, ha permitido a su familia ser de varios sitios un poco y de ningún lugar del todo.

Al parecer él también heredó "la compulsión de partir" de su padre, porque ha vivido, además de en Barcelona, en Londres, Nueva York, Ginebra o Viena. Pero, como tantos nómadas, sabe que la supervivencia depende en gran medida de la capacidad de adaptación al ecosistema. Y tal vez por eso sus obras, de un localismo innegable, alcanzan la universalidad.

"Mis personajes casi nunca tienen raíces, siempre llegan desde fuera", ha explicado hoy Mendoza durante uno de los encuentros de "La Europa de los escritores", organizados por la librería Passa Porta. "Pero no me interesan tanto los personajes en sí mismos, como el funcionamiento de la ciudad donde viven y las relaciones entre las clases sociales que conviven en ella".

Barcelonés, culé, bilingüe en castellano y catalán desde el hogar, Mendoza ha sabido ganarse en francés a un público tan transfronterizo como él, con su elegante e inteligente ironía habitual.

El éxito de su primera novela, ha recordado, le sorprendió en Nueva York, donde trabajaba como traductor en Naciones Unidas. Y ahora, con una edad que, según él, le permite empezar a explotar sus recuerdos, no descarta recrear en alguna obra "el mundo de los funcionarios internacionales, que es muy interesante". Funcionarios, ha dicho, que también viven en tierra de nadie y tejen unas relaciones dignas de aparecer en alguna de sus novelas. Veremos si de las serias o de las más desquiciadas.

"La ventaja del novelista frente al pensador es que puede vivir en la perplejidad permanente, mirando sin acabar de entender", ha señalado poco antes de empezar a firmar ejemplares de sus obras traducidas al francés, el holandés y el inglés. Y entre el humor y la modestia ha advertido que "me considero un excelente traductor y un mediocre novelista". Palabras que en una ciudad como Bruselas, capital mundial de la traducción y la interpretación, seguro que le hacen ser aún más popular.

A título personal, si me permiten, la cita de hoy me ha dejado una "decepción". Mendoza no se plantea reeditar su "guía" de Nueva York, que leí cuando solo soñaba con visitar esa ciudad. "Tendría que actualizarla y me da pereza", confiesa. Sin tenerla a mano para consultarla, estoy casi seguro de que sigue reflejando como pocas obras la vitalidad de Manhattan.

Foto: Eduardo Mendoza firma ejemplares en el centro del espectáculo La Bellone, en Bruselas (B. dM., 10-11-13).

Comentarios

Eduardo Mendoza, posiblemente el mejor escritor en lengua castellana.
Mi segundo libro de Mendoza lo leí con gripe. Casi me pongo más malo de risa.
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