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No hacer nada es una posibilidad

Mario Draghi tiene que llevar el peso de las expectativas, después de que los bajos datos de inflación de la zona euro condujeran a los expertos a comprobar la definición de deflación. Así que el presidente del Banco Central Europeo está presionado para hacer algo –cualquier cosa–.

La débil economía europea debería sin duda ser objeto de debate en la reunión del consejo de gobierno del BCE. El crecimiento ha vuelto, por fin, pero la previsión de un aumento del 1,1% del PIB en 2014, tras dos años de caída, no es nada de lo que haya que presumir. Y la lectura del 0,7% de inflación de octubre se encuentra lejos del objetivo del BCE del “por debajo pero cerca” del 2%.

Sin embargo, no hay ninguna razón de peso para actuar de forma precipitada. En general, las condiciones de financiación, en las que el banco central puede influir, son muy ajustadas, pero no han empeorado en las últimas semanas. Y la baja inflación no es un peligro claro y presente. El BCE, que debe centrarse en el futuro y no en las tendencias del pasado, puede darse permitirse esperar hasta que sus propias previsiones se publiquen en diciembre. Si son malas, será necesario actuar. Un recorte de los tipos de interés –del 0,5% al 0,25%– tendría entonces un impacto limitado, pero reforzaría la postura acomodaticia de la política del banco.

Un esfuerzo para aumentar la liquidez de los bancos podría reforzar su adicción a la deuda

Otros posibles movimientos a corto plazo son igualmente poco espectaculares, y todos tienen algunos riesgos. Cualquier esfuerzo para aumentar la liquidez de los bancos podría reforzar su adicción a la deuda soberana, justo cuando el BCE está sentando las bases para la unión bancaria. Cualquier intento de estirar el mandato del banco central hasta el límite legal –como la compra directa de activos, o el final de la esterilización del programa del mercado de valores– queda fuera de la cuestión, debido a la oposición de Alemania. Es poco probable que cambie, incluso después de que un nuevo gobierno asuma el control de Berlín.

Así, el BCE se queda con la opción de reiterar su postura pacifista. Hasta ahora se le ha dado muy bien dialogar. Ministros, mercados y los medios de comunicación lo criticarán entonces por no hacer nada. Pero este mes, esa no sería la peor opción.

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