Editorial

La acertada apuesta de Aena

La decisión del Gobierno de poner a la venta más del 50% de Aena –el límite de capital privado será del 60%– constituye una operación clave para el futuro del que se ha convertido en el primer operador aeroportuario del mundo. El diseño de la venta, respaldada por el Consejo Consultivo de Privatizaciones, incluye la creación de un núcleo estable de inversores, elegidos por concurso restringido, que controlará un mínimo del 20% del capital. A ello se sumará un 40%, que se reserva el Ministerio de Fomento, mientras que el resto –en torno a un 30%– se colocará a través de una oferta pública de valores en Bolsa. Tanto la alianza con ese núcleo de inversores como el mantenimiento de la potestad reguladora pública permitirá al Gobierno retener el control efectivo sobre Aena, pese a perder la mayoría de capital. En cualquier caso, la decisión de privatizar más del 50% de la compañía no deja de ser la consecuencia lógica de un proceso de internacionalización que exige que Aena abandone la etiqueta de empresa estatal y se ajuste a un diseño que comparten muchos de los operadores internacionales. La operación responde así a las exigencias de unos inversores que por regla general demandan mayoría privada para colocar su dinero. Será, además, la primera gran operación bursátil en España tras la salida de la recesión.

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