Editorial

Cuando la financiación llegue a todas las empresas

Los últimos 40 días han sido especialmente productivos para las empresas españolas, sobre todo las grandes cotizadas, por lo que se refiere a su financiación, reforzando una tendencia que se había iniciado al principio del año, cuando la banca de inversión internacional comenzó a girar la percepción financiera que tenía de España. Tras la recomposición de las variables fiscales del país, con el control del gasto público después de tres años restrictivos, así como las fórmulas comunitarias para apuntalar el euro y a sus miembros más débiles, las manos fuertes del dinero, los grandes fondos, han empezado a poner rumbo a España. Primero volcaron sus intereses en la deuda soberana, una vez recuperada la certeza de que España no suspendería pagos, y colocaron la rentabilidad del bono a diez años, verdadera referencia de la financiación de la economía, poco por encima del 4%.

Esta circunstancia abrió a las grandes empresas, financieras o no, de par en par las puertas de la financiación en los mercados mayoristas, cuyos prestamistas avistaban una recuperación económica que se avecinaba con cierta nitidez. A renglón seguido, el dinero, esquivo hasta entonces a los activos españoles, comenzó a tomar posiciones en el capital de las compañías, independientemente ya de su tamaño, y la consiguiente revalorización del mercado bursátil ha dado pública voz de que el crecimiento y la recomposición de los beneficios empresariales está a la vuelta de la esquina.

Esos son los movimientos del mercado financiero, que va delante de la economía desbrozando las dificultades. Pero tendrán su confirmación cuando las agencias de rating cambien el sesgo de su calificación crediticia sobre España, que supondría el espaldarazo definitivo para que la financiación no sea solo cosa de grandes corporaciones, sino que esté al alcance de la mano de todas las empresas, independientemente de su tamaño. Ese día, ese día sí, podremos asegurar que la crisis ha entrado en vías de superación; que la inversión de pequeños emprendedores y de los particulares puede llevarse a cabo porque la banca da crédito en el convencimiento de que lo recuperará.

Mientras tanto, la situación es pintiparada para los inversores. Las propias emisiones de bonos corporativos a tipos muy similares a los que el Tesoro emite su deuda a diez años son instrumentos en los que deben sentirse cómodos, tanto por el retorno obtenido como por la seguridad y la diversidad de su inversión. Esa masiva colocación de emisiones es en muchos casos solo un ejercicio de refinanciación de la deuda ya contraída, puesto que el momento de la ampliación del balance no ha llegado todavía. Pero es también un ejercicio de reducción de la carga financiera y, por tanto, de mejorar la última línea de la cuenta de resultados, que al fin y a la postre es el objetivo primero de toda compañía.

Y al igual que la prima de riesgo es una baliza de señalización de la situación del país que utilizan las empresas para la búsqueda de recursos, esta operación corporativa (la emisión sistemática de bonos) debe ser interpretada también como una señal para la entrada en el capital de las compañías cotizadas, tal y como ya se ha producido estas últimas semanas, en las que los índices bursátiles han encadenado sucesivos máximos anuales. Independientemente de la decisión que tomen los accionistas particulares, los grandes fondos extranjeros están entrando en el país de forma decidida, tanto en las grandes empresas como en la deuda soberana. De no ser así, no tiene explicación la subida vertical de las cotizaciones, que ha llevado al Ibex a una rentabilidad que supera a todos los índices europeos.

Todas las apuestas de los analistas sitúan el Ibex 35 para final de año en el entorno de los 10.000 puntos, lo que supondría un alza en el año de más del 20%. Ese movimiento solo corregiría el diferencial que los precios de las compañías españolas tenían hasta ahora por llevar el sello de españolas, pese a que tengan mercados internacionalmente diversificados. Pero su recorrido puede ir más allá si se confirma la recuperación del crecimiento, el abaratamiento de la financiación y la generación en el acceso al crédito, una vez que el sistema financiero esté definitivamente saneado y reconocido como tal por el BCE. Cuando la financiación llegue a todas las empresas.

 

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