Editorial

España necesita cerrar el círculo de las reformas

En mayo de 2012, en plena crisis de deuda soberana, las grandes empresas españolas anunciaron que la recuperación económica en nuestro país comenzaría a vislumbrarse ya a finales de 2013. Lo hicieron en abierto contraste no solo con el clima económico de aquel momento –la prima de riesgo alcanzaba los 467 puntos básicos y los rumores de rescate eran constantes–, sino también con las previsiones de la mayor parte de los analistas. Mientras la prensa internacional y las agencias de calificación insistían en situar a Madrid prácticamente dentro del club de Atenas, las principales compañías españolas, agrupadas en el Consejo Empresarial para la Competitividad (CEC) y CEOE, sostenían la tesis de que los mercados no reflejaban con fidelidad el estado de nuestra economía.

Un año después, la situación ha cambiado considerablemente. Tanto las previsiones del Gobierno como las del Banco de España, las de los servicios de estudios consultados por la Confederación Española de las Cajas de Ahorros (CECA) o las de la propia Comisión Europea han mejorado sus expectativas sobre la evolución de la economía española. El CEC, cuyo último análisis fue presentado ayer en Madrid, apunta a que España habrá crecido ya un 0,1% en el tercer trimestre de este año, cerrará el cuarto con un 0,2% y terminará 2014 con un avance del PIB del 0,9%. Esa previsión contrasta con los augurios de un FMI que estima un crecimiento siete décimas menor para el año que viene y cuyas previsiones sobre España resultan sorprendente y reiteradamente más pesimistas que las de la mayoría de los expertos y analistas. El tiempo y la evolución registrada en la economía española a lo largo del último año respaldan con bastante mayor firmeza las estimaciones realizadas por el Consejo Empresarial para la Competitividad y CEOE que las sostenidas por el organismo que preside Christine Lagarde.

Los mimbres que sustentan el análisis del CEC están a la vista de cualquiera que quiera interpretarlos. La potente función de motor que está desempeñando el sector exterior, el vital balón de oxígeno que ha supuesto para España la prórroga para cumplir con el ajuste fiscal demandado por Bruselas y el impacto que ese respiro tendrá sobre una demanda interna que lastra el crecimiento constituyen los tres grandes pilares en los que se apoya la reactivación económica de España. Un esquema que se ha trasladado a los mercados, tanto de renta fija como variable, en los que se vive en estos momentos un ciclo alcista que ejemplifica, mejor que cualquier análisis o declaración de intenciones, la lenta pero decidida recuperación de la confianza sobre España. Y un cambio de percepción que ha llegado también hasta una prensa internacional que comienza a analizar en profundidad las razones de una mejora de expectativas económicas que tiene todavía un débil reflejo en el mercado de trabajo, pero que parece sentar las bases de un cambio de ciclo.
Las razones de esa mejora son tan obvias como los mimbres que la apuntalan. España ha realizado un ajuste de una dureza extrema, en un plazo de tiempo sorprendentemente corto y con una dosis de responsabilidad y sacrificio por parte de la ciudadanía que no debería ni olvidarse ni minusvalorarse. Las voces que hace muy poco nos reprochaban con razón los peores excesos de la burbuja inmobiliaria comienzan a reconocer que el fin de la fiesta española ha ido seguido de un esfuerzo serio, sostenido y solidario.

Pese a ello, sería muy ingenuo, además de falso, dar a entender que el camino que resta para dejar atrás la crisis es poco más que un paseo bajo el sol. Como recordó ayer muy oportunamente el CEC, la tarea que tiene ante sí la economía española si quiere consolidar la recuperación no es sencilla e incluye seguir adelante con las reformas –especialmente, con las estructurales– que todavía están pendientes de culminar. Es el caso de una reestructuración bancaria que no estará cerrada hasta que se reabra el mercado de crédito con normalidad, de un mercado de servicios profesionales que debe ser modernizado cuanto antes o de un sector público que sigue arrastrando ineficiencias y duplicidades que, definitivamente, hay que desterrar.

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