El Foco

¿Los Presupuestos de la recuperación?

En la rueda de prensa del viernes, Sáez de Santamaría, Montoro y Guindos escenificaron el pistoletazo de salida de la recuperación, hacia las elecciones generales de finales de 2015. El primer acto de esta obra se representó ya en abril, cuando las previsiones de PIB hasta 2016 se situaron en la parte baja del consenso. Ahora se insiste en esta misma línea, con un avance del PIB para 2014 de sólo el 0,7%, también lejos de lo que espera la mayoría de analistas. Con ello se consigue elevar la moral de la tropa cuando la realidad supere las previsiones y, más importante aún, presionar a la baja sobre el gasto público, dada la ineludible necesidad de cumplir con el déficit público del 5,8% autorizado por Bruselas. Aparte de este extremo, ¿qué habría que destacar de esta versión estilizada del proyecto de presupuestos? Entre otros, los siguientes aspectos.

-En primer lugar, España regresa a la senda de crecimiento de verano de 2011, cuando el PIB estaba avanzando cerca del 1%. Pero en julio de ese año nos adentramos en una nueva recesión, y que se ha extendido hasta el pasado junio, alimentada por la convicción que España abandonaría el euro. Ello generó una espectacular huída de capitales (pérdida de 380.000 millones de euros entre julio de 2011 y agosto de 2012), el colapso de la confianza de consumidores y empresarios, el alza de la prima de riesgo y de los costes de financiación de la deuda y, lógicamente, una nueva recesión, que se ha llevado por delante, hasta marzo de 2013, la friolera de 1,7 millones de empleos. Tras el camino a Canosa de Rajoy y Guindos pidiendo el rescate bancario en julio de 2012, y el radical cambio de política de Montoro (alzas de impuestos y nuevos ajustes presupuestarios), hemos recuperado cierta normalidad. De la que dan fe esos nuevos presupuestos. Pero en este cambio de rumbo, y la intervención soft de España que lo precedió, nuestro margen de maniobra se redujo substancialmente. Por ello, las líneas maestras de estos presupuestos se han pactado, en lo esencial, con el Comisario Olli Renh, que, como contrapartida a la menor exigencia de déficit, ha exigido cambios estructurales que ahora comienzan a hacerse evidentes.

-En segundo lugar, continúa el duro ajuste del gasto en personal del sector público. Así, se mantiene la exigencia de no reemplazo de jubilaciones, que ya contemplaba el Plan nacional de Reformas 2011-2014 de Zapatero. De forma que, a finales de 2014, y por la puerta trasera de las jubilaciones o finalizaciones de contrato, se habrá producido una reducción en el número de sus trabajadores (funcionarios o contratados) que podría alcanzar los 400.000 empleos públicos menos que en 2010. A ello se suma la congelación de retribuciones, de forma que éstas acumularan en 2014 una pérdida de poder adquisitivo entre el 15% y el 20%.

El gasto en desempleo continúa disparado y aumenta, cerca del 10%, según el gobierno

-En tercer lugar, el gasto en desempleo continúa disparado y aumenta (cerca del 10%) según el gobierno, hasta casi 30.000 millones de euros, aunque si al presupuesto inicial de 2013 se añade la ampliación de crédito de julio pasado (5.000 millones) se trata de una reducción. Hay que saludar como positivo que una parte substancial del mismo se dirige a subsidiar a aquellos que han perdido su derecho a prestación: cerca de un 25% de los casi 6 millones de parados llevan en el desempleo más de 2 años y otro 25% entre 1 y 2.

-En cuarto lugar, cierta corrección en la inversión en I&D. Se trata del chocolate del loro en términos agregados, pero la cerrazón del gobierno en los dos últimos años ha puesto al sistema de ciencia español al borde del precipicio. Bien está la rectificación, aunque sea modesta.

-En quinto lugar, los intereses de la deuda pública continúan drenando importantes recursos (casi 37.000 millones), algo menos que en 2013, pese a la notable caída de los costes de las nuevas emisiones. Y ello por el importante efecto inercia de un volumen de deuda gigantesco, cuya corrección, tanto al alza como a la baja, es sólo paulatina.

-En sexto lugar, muy modesta reducción del déficit (para el Estado y sus organismos cae ¡una décima!, del 3,8% al 3,7% del PIB, y tres para la Seguridad Social, del 1,4% al 1,1%). Y, a pesar de ello, el volumen de deuda pública continúa escalando y se situará, en 2014, en el 96% del PIB, que nos acerca peligrosamente al grupo de países del euro con endeudamiento público por encima del 100% (Italia, Irlanda, Portugal y Grecia).

Los intereses de la deuda pública continúan drenando importantes recursos, casi 37.000 millones

Finalmente, se han anunciado dos reformas que, aunque formalmente separadas de la ley de presupuestos, deberían tener efectos sobre el gasto ya en 2014. Se trata, en primer lugar, del inicio de la pérdida de poder adquisitivo de las pensiones. El crecimiento del número de jubilados y el aumento de su pensión media obligan a un duro proceso de pérdida de capacidad de compra de los pensionistas, que parece se iniciará en 2014. Además, en segundo término, comienza el camino de la desindexación, especialmente relevante para la obra pública o los servicios públicos. Otra exigencia de Bruselas que también va a ponerse en marcha en 2014.

En suma, los presupuestos de la recuperación no traen novedades substanciales en el ámbito de las grandes magnitudes, aunque las reformas y ajustes continúan sin pausa e, incluso, han adquirido cierta aceleración. Resultado, sin duda, de la decisión de la Comisión de ampliar en dos años el situar el déficit público en el 3%. Continúa, pues, un lento, profundo e inexorable ajuste a la baja en el gasto público.

¿Presupuestos de la recuperación? Pues, no. ¿Continuidad en el ajuste del gasto? Pues, si. ¿Anticipo de reducciones fiscales? Pues, también. Seguimos el motto de Draghi, Olli Renh y Barroso: reduzcan impuestos y, para subyugar el déficit, compriman más intensamente el gasto. A pesar de ello, el acopio de pasivos financieros da vértigo. Esperemos que ni Berlusconi ni otros choques exteriores vuelvan a desestabilizar nuestra nave. Acumulamos ya mucho peso muerto, que fácilmente podría hacernos zozobrar. Ya nos pasó en julio de 2011.

 

Josep Oliver es catedrático de Economía aplicada de la UAB

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