Anula la retirada del programa de compras de deuda
El presidente de la Fed, Ben Bernanke, en la rueda de prensa de ayer.
El presidente de la Fed, Ben Bernanke, en la rueda de prensa de ayer. EFE

Bernanke echa marcha atrás: siete claves de la decisión de la Reserva Federal

La decisión de ayer ha removido el panorama que los inversores habían planteado de aquí a final de año, en el que se daba por hecha la retirada del programa de compras de deuda de la Fed, actualmente de 85.000 millones. Aunque es sabido que la Bolsa siempre reacciona por exceso, y no por defecto, lo cierto es que el comunicado de Bernanke tiene implicaciones más profundas que un simple subidón de las Bolsas.

1.- En términos absolutos, la decisión de ayer no es tan importante. Ni la cantidad de deuda que la Fed se esperaba dejase de comprar es tanta (10.000 millones de dólares) ni el posible retraso en este movimiento parece tan vital, ni el sistema financiero está en una situación que necesite estímulos de forma desesperada. La reacción del mercado viene por una cuestión más sutil, y es que la Fed ha estado tres meses preparando el terreno para el famoso tapering y, cuando ha llegado el momento, ha echado por tierra estos tres meses de trabajo antes de arriesgarse a ralentizar la recuperación echando más agua fría en los mercados. Y eso sí es relevante.

2.- También están, claro, las cifras. Y las de empleo, que a un español medio nos parecen propias de una Arcadia feliz, no son tan positivas desde el punto de vista estadounidense. La Fed había condicionado la retirada de estímulos a la mejora del paro, aunque no había detallado un umbral concreto (como ha hecho con los tipos, que no subirán del 0,25% mientras el paro no baje del 6,5%). Pero, aunque la tasa de paro baja, la creación de puestos de trabajo no está respondiendo a las expectativas. El dato de agosto se quedó por debajo de las previsiones, y se revisaron también a la baja los de junio y julio, en 74.000 personas. Si el paro no sube es porque la tasa de actividad está en mínimos desde los años 70.

3- El tapering ya había hecho su trabajo. Entre mayo y principios de septiembre los tipos de interés de la deuda de EE UU a 10 años han pasado del 1,6% al 3%. Un alza de tipos que se ha trasladado al mercado hipotecario y de crédito. En otras palabras, hablar de retirar estímulos es prácticamente lo mismo que retirar estímulos, al igual que sucede con las compras de deuda del BCE: no es necesario que las lleve a cabo, pues su perspectiva ya tiene el efecto que perseguía en los mercados.

4.- Lo ha admitido la Fed abiertamente: la política fiscal ha jugado un papel clave en la decisión de ayer: “está restringiendo el crecimiento económico”, apuntó en el primer párrafo de su comunicado. Por si fuera poco, el partido republicano amenaza, de nuevo, con cerrar el grifo presupuestario al Gobierno si no retira la reforma sanitaria de Obama. Una forma de suicidio económico (quién sabe si también político) que constituye una seria amenaza para el crecimiento si la situación en el Congreso no se reconduce antes del 30 de septiembre.

5.- Implicaciones fuera de Estados Unidos. Más allá de la situación del país, el anuncio por la Fed de la retirada de los estímulos tuvo el efecto de un huracán en los mercados emergentes. Durante los últimos años estos países han sido el destino favorito de los dólares que se prestaban a tipos cercanos a cero. La posibilidad de que la Fed cerrase el grifo provocó el temor a que el dinero emprendiese el camino de vuelta. Como es costumbre, los inversores se agolparon en la puerta de salida mucho antes de que nadie gritase “fuego” y los mercados emergentes han vivido un verano muy complicado, forzando la intervención de los bancos centrales para contener la caída de las divisas y con fuertes caídas en el precio de la deuda y de las acciones. Aunque lo que pase en sitios como Indonesia no es prioritario para la Fed, los emergentes son junto con China el único motor de crecimiento en el mundo, y una ronda de turbulencias puede complicar la situación a EE UU tanto en el plano financiero como económico.

6.- Política de comunicación. Vistos estos factores, suena extraño que la retirada de los estímulos se diese prácticamente por descontada. De hecho, la Bolsa ya subió tras el dato de empleo de agosto precisamente por la posibilidad de que se retrasara la retirada de estímulos. En realidad, la sorpresa (menos del 30% de los analistas fue capaz de prever la decisión de ayer) no debería haber sido tal. ¿Qué ha fallado? Probablemente la Fed subestimó el alcance de sus palabras al empezar a hablar del tapering: las condiciones de financiación en Estados Unidos se han endurecido, como reconoce el propio comunicado de ayer. Después, la Fed no quiso, o no pudo, convencer a los inversores de que la retirad de estímulos no era inevitable.

7.- ¿Y ahora, qué? Es la pregunta del millón. Quedan dos reuniones antes de acabar el año. La primera, dentro de mes y medio, es quizá demasiado pronto para que la Fed reemprenda la retirada de estímulos; es más probable que espera a diciembre para decidirse. Todo dependerá de cómo evoluciona la economía en los próximos dos meses y, especialmente, de cómo afecta el endurecimiento financiero de este verano a la recuperación. Pese a la relativa euforia inmediata, el error de cálculo de mayo al empezar a hablar de tapering va a seguir teniendo efectos sobre la economía, y va a condicionar el rumbo de la política monetaria. En otras palabras, ni los tipos de interés de la deuda van a volver a niveles de mayo ni la Fed va a volver a la casilla de salida. La decisión de ayer es el reconocimiento de que la propia Fed ha debilitado la recuperación, lo que sugiere que tendrá que estar bien convencida para volver a hablar de retirada de estímulos. Y más si se tiene en cuenta que la de diciembre será la última reunión con Bernanke al frente.

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