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Desequilibrio en Reino Unido

El optimismo sobre el panorama económico en Reino Unido se ha convertido en algo común. El crecimiento se está aumentando, el desempleo está cayendo y la inflación se está moderando un poco. Pero no todo son buenas noticias.

Los salarios se acercan a lo más alto de la lista de preocupaciones. Los hogares se han visto afectados ya que los sueldos han aumentado muy lentamente mientras que la inflación se ha mantenido persistentemente alta. En los tres primeros meses del año, los ingresos disponibles reales sufrieron la caída trimestral más fuerte desde 1987. Los pagos de bonos diferidos podrían haber distorsionado los datos, pero el telón de fondo está poblado de consumidores con unas finanzas personales aprovechadas al máximo.

Los ahorros se han estirado y su nivel se ha reducido al más bajo en cuatro años, algo insostenible. Si los consumidores han de seguir apoyando la recuperación, su renta disponible tendrá que subir. Esto requeriría un mayor incremento de los sueldos, menores tipos de inflación, y preferiblemente una combinación de ambos.

Puede que la productividad y las tasas de empleo no sean todavía lo suficientemente fuertes como para sugerir que los empleadores puedan proporcionar mayores aumentos salariales. Es cierto que la inflación se redujo al 2,7% en agosto y se prevé que disminuya aún más. Pero se mantiene por encima del objetivo del Banco de Inglaterra del 2% y ha dejado atrás los aumentos salariales.

Hay muchas buenas noticias sobre la economía británica. Como reflejo del optimismo, los inversores han impulsado la libra esterlina a su nivel más alto en ocho meses. Pero eso solo complica a Reino Unido la venta de productos manufacturados en los mercados de exportación, y facilita que se apoye demasiado en la demanda interna.

Los desequilibrios que condujeron a las crisis del pasado están aún en juego. El recién descubierto entusiasmo sobre la economía de Reino Unido debe ser moderado.

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