Santander, BBVA y La Caixa han reclamado al Gobierno siete medidas para pujar

¿Pistoletazo de salida para las últimas subastas bancarias?

Han pasado cinco años largos años desde el colapso de Lehman Brothers, uno de los bancos con más prestigio del mundo incluso poco antes de su estruendosa caída. Desde entonces el sistema financiero ha dado un giro radica. La banca estadounidense está más concentrada en unas pocas entidades, lo mismo que la europea y, por lógica, la española.

Pese a ello, toda la banca sigue entrañando riesgos mientras las regulaciones al sector que se iniciaron tras la crisis permanecen incompletas tanto en Estados Unidos como en Europa.

En España la crisis ha arrasado a todo un sector, el de las cajas de ahorros, y pese a que los bancos tradicionales mantienen sus principales marcas, alguna que otra ha sufrido más de un susto. Al final, prácticamente todos, salvo Bankinter –aunque haya cambiado su cúpula hace tras años–, han llevado a cabo alguna compra, fusión, ampliación de capital etc., que no hubieran realizado si la crisis no hubiera pisado los callos del sistema financiero. Ahora parece que la crisis está dando sus últimos coletazos –o eso es lo que se repite hasta la saciedad para devolver la confianza que el mercado y los ciudadanos necesitan–.

De momento, el FROB iniciará oficialmente el lunes la subasta de Novagalicia Banco, una vez que BNP Paribas entregó este fin de semana el informe sobre la situación del balance de la firma gallega y del precio de la entidad.

Los bancos interesados podrán analizar con el libro de venta de Novagalicia la calidad de sus activos para presentar o no oferta. Con anterioridad, el FROB ha mantenido contactos informales con Santander, BBVA, La Caixa y con algún que otro grupo como el fondo estadounidense Guggenheim.

En estas reuniones el organismo que dirige Antonio Carrascosa y el departamento que encabeza Luis de Guindos han sondeado el interés de los bancos por participar en la subasta de la firma gallega y en la posterior de Catalunya Banc (CX). Y parece que para la segunda el interés sigue siendo débil y todo dependerá de lo que ocurra con la puja de Novagalicia.

El FROB, de hecho, volvió el martes a demostrar el escaso entusiasmo que ha levantado la tercera puesta en escena para vender CX. “Una vez estimado el valor de estos activos, el FROB, sobre la base de la ponderación de los datos y las valoraciones obtenidas, decidirá sobre la conveniencia o no de iniciar un proceso competitivo de venta toda vez que el plan prevé la resolución de la entidad en un plazo máximo de cinco años”, reza la intervención del presidente del FROB, Fernando Restoy, en el Congreso.

Y es que si no hay interés por su compra el Gobierno no convocará la subasta de CX. No puede someterse a las críticas de un nuevo fracaso en el proceso de venta de la entidad catalana.

En los sondeos preliminares que ha realizado el Gobierno para conocer el interés de la gran banca por ambas subastas, las entidades sanas han aprovechado para hacer sus peticiones sin las cuales no están dispuestas a presentar una oferta vinculante.

Siete han sido los puntos que han reclamado. Quieren que los créditos fiscales existentes en los balances de Novagalicia y de Catalunya Banc y derivados de sus multimillonarias pérdidas en los ejercicios precedentes se consideren capital desde el primer momento de la compra. Aseguran que cuando entre en vigor Basilea III_en enero de 2014 estas compras penalizarán en su capital desde le primer momento, de ahí que pretendan que el Gobierno agilice la norma para que los activos fiscales diferidos sumen el año que viene como capital.

La firma gallega suma unos créditos fiscales de 4.500 millones de euros y Catalunya Banc de 5.500 millones.

También han pedido que ambas entidades hayan dado un carpetazo a sus escollos con las participaciones preferentes. No quieren que este impopular conflicto les pueda salpicar y que al final deban resolver las posibles necesidades de capital que puedan tener estas dos firmas una vez que se vayan resolviendo los procesos judiciales y de arbitraje abiertos. Lo mismo sucede con las penalizaciones que puedan existir por las cláusula suelo. Por ello, no solo piden que se activen y computen como capital los créditos fiscales, también reclaman un esquema de protección de activos (EPA) para evitar sorpresas futuras como pérdidas por morosidad de sus activos.

Pretenden que estos EPA cubran posibles desajustes en los activos inmobiliarios que no se han transferido a Sareb o que sí se ha hecho, puedan reajustarse a la baja su valor. Lo mismo sucede con las refinanciaciones, que pretenden que estén cubiertas con algún tipo de ayudas. Otro punto que reclaman es que la reestructuración y ajustes laborales estén aprobados y realizados, algo que sí se ha realizado en Novagalicia, pero no en CX.

La incógnita es si la subasta de CX será la última o quedará otra. El futuro de Ceiss sigue siendo incierto.

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