Tribuna

La muerte de Mickie

EEl pasado 24 de agosto falleció de cáncer Muriel Faye Siebert (conocida como Mickie). Nacida en Cleveland, fue el bastión feminista en Wall Street y referencia obligada para profesionales de la Gran Manzana. Conocida como la Primera Dama de las Finanzas, por inaugurar la primera plaza como operadora bursátil en diciembre de 1967 entre 1.365 hombres creó su propia leyenda.

Con sus propias palabras “llegué a Nueva York en 1954 con un sueño, un Studebaker y 500 dólares” y empezó como analista de Bache &co, detectando nuevas oportunidades de inversión en sectores por aquel entonces nuevos, como las aerolíneas, o el cine. Gracias a su brillantez, en 1967 pudo crear su propia firma Muriel Siebert &Co, de intermediación y análisis. Su recorrido fue tortuoso, conviene recordar que cambió tres veces de empresa por cobrar menos que un hombre por el mismo trabajo, o que cuando solicitó un sillón como miembro de pleno derecho de la Bolsa de Nueva York, a la hora de recoger adscripciones para su demanda, de los primeros 10 votos solicitados, 9 fueron en contra. O que a la hora de asistir a almuerzos en clubes privados, tuviera que acceder por la cocina en montacargas porque estaba prohibido el acceso de mujeres por la entrada principal.

Superados buena parte de estos obstáculos, mayoritariamente culturales, en 1977 la nombraron Supervisora de los Bancos del Estado de Nueva York, teniendo bajo su supervisión 500 billones de dólares durante 5 años. A lo largo de su mandato ningún banco quebró, a pesar de que sí que hubo quiebras en el resto del país.

A mitad de los años 90, su empresa se fusionó con Michael &Son, en proceso de liquidación, y el grupo resultante salió a bolsa con gran éxito.

En una de sus polémicas declaraciones, Muriel destacaba como “las empresas norteamericanas debían utilizar como ventaja competitiva el talento femenino frente a Japón o Alemania, países en los que las reticencias machistas todavía limitaban el talento al 50% de su población”.

En cuanto a la labor desarrollada en el seno de los consejos de administración, Muriel defendía que se incorporaran a sus debates las voces de las mujeres y otras minorías que aportaran una visión diferentes, en lugar de reunir clones monocordes.

Precisamente por ello, en 1990 creó una fundación para el desarrollo de actividad emprendedora, mediante la cual se aportaban fondos a nuevos proyectos del agrado de la comunidad inversora. El programa ofrecía a los inversores la oportunidad de contribuir en actividades filantrópicas. También desde esta perspectiva, Muriel desarrolló un pionero programa formativo de “Divulgación financiera para mujeres” orientado a impulsar su desarrollo profesional.

Una mujer hecha a sí misma en la tierra de promisión que materializó el melting pot como sufragista bursátil avant la lettre. Excelente momento, pues, para leer su amena autobiografía “Cambiando las normas: aventuras de una rebelde en Wall Street”.

 

Isabel Giménez Zuriaga es directora general de la Fundación de estudios bursátiles y financieros

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