Editorial

La recuperación y las reformas en Europa

Los datos de crecimiento económico conocidos el miércoles confirman que Europa ha abandonado la recesión, y que lo ha hecho con cierta firmeza, anclada en la reacción que en el segundo trimestre del ejercicio han tenido las economías francesa y alemana, las dos de mayor tamaño de la zona euro. En ambos casos la naturaleza de su cambio de tendencia es imputable a la demanda interna, aunque en Francia ha tenido también un protagonismo nada despreciable el avance del gasto de las administraciones públicas, y al dinamismo de sus exportaciones. Este cambio de tendencia, que ha llegado también a países que arrastraban situaciones muy delicadas, como Portugal, es el que puede consolidar también el giro de la actividad en España. Si en el segundo trimestre la economía se acercó a la estabilización, con un descenso del 0,1%, podría ofrecer un desempeño positivo ya en la segunda parte del año por la consolidación de un crecimiento importante del eje franco-alemán, mercado al que se dirigen uno de cada tres euros que exporta España.

Este giro más intenso de lo esperado en toda Europa, que ha devuelto el crecimiento incluso a Reino Unido, coincide con un cambio en la percepción sobre el comportamiento que tendrá la economía china en el resto del año y en 2014, más positivo de lo inicialmente previsto. Por tanto, las dos dudas fundamentales que existían sobre el crecimiento mundial para el segundo semestre del año y para 2014, comienzan a despejarse, y toman el revelo de la economía norteamericana, que bien podrían resentirse si definitivamente retira los estímulos monetarios y fiscales a su demanda. Tras un año y medio largo de recesión en Europa, puede decirse que todas las zonas del mundo, con pequeñas excepciones locales, están en marcha por vez primera desde la gran crisis financiera de 2008-2009.

En las últimas semanas han aparecido informes de banca de inversión que advertían de tal posibilidad, y sus efectos en los mercados se han reflejado ya, con una relajación de los niveles de riesgo en Europa, que han elevado las rentabilidades de las emisiones de Alemania o Reino Unido, y que han tenido un reflejo secundario en las primas de riesgo de España a Italia, hasta niveles desconocidos de hace dos años. Las bolsas, por su parte, cotizan en máximos en muchos mercados, porque recogen también el efecto de unos resultados empresariales mejores de lo estimado al inicio del año.

No obstante, quedan cosas por hacer. Al igual que los niveles de confianza en la zona euro y sus posibilidades se han duplicado en las últimas semanas, pueden esfumarse en los mercados si los inversores aprecian cualquier gesto de relajación y de complacencia excesiva en los Gobiernos en todo lo que afecta a la política reformista, los controles de la estabilidad presupuestaria o los impulsos para terminar de cuadrar institucionalmente la arquitectura del euro. El que parecía que iba a ser un periodo de impasse hasta la resolución de las elecciones alemanas, se ha convertido en uno de cambio de las expectativas que facilite el trabajo que la UE tiene por delante. La unión bancaria y sus nuevos mecanismos de supervisión y resolución deben ponerse en marcha en 2014 sin ninguna prórroga más, puesto que es lo único que puede descargar a los estados de los riesgos de la banca, al existir formatos propios para afrontar crisis bancarias. El único obstáculo de calendario serán las elecciones europeas de la primavera de 2014; pero una vez resueltas, debe ponerse en marcha toda la maquinaria política para acelerar los cambios institucionales.

Uno de los países más beneficiados tanto de la recuperación de la confianza y el crecimiento en Europa como de la puesta en marcha de la unión bancaria es España. Ya lo está notando en el abaratamiento de la factura financiera pública con la bajada de la prima de riesgo, así como con la recomposición de una parte del efecto riqueza privado destruido en los últimos años, con la ligera subida de las bolsas. Pero al igual que esta mejora no se hubiera producido si España hubiese esquivado sus compromisos reformistas y control del gastos, puede evaporarse si frenara ambas cosas por decisión política. Por ello, un presupuesto austero y riguroso, y cumplir a rajatabla el itinerario reformista es la mejor garantía para recuperar crecimiento primero, y empleo, después.

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