Editorial

La reforma no precisa reforma pero sí retoques

El Gobierno tiene que entregar a la vuelta de vacaciones a la Comisión Europea un informe sobre el desempeño de la reforma laboral aprobada en 2012, así como una propuesta de los ajustes que la normativa laboral precisa para eliminar cualquier obstáculo regulatorio a la generación de empleo. El balance estará disponible esta misma semana, según admite la Administración, aunque la cantidad y profundidad de los retoques no se conocerán hasta después del verano, cuando sobre la mesa de análisis haya más información acerca de su funcionamiento, seguramente ya con unos cuantos meses de generación de empleo.

La recuperación económica hasta ahora es más nominal que real, y su futuro depende de un hilo, y que en muchos casos ni siquiera el propio Gobierno español mueve. Sigue dependiendo en buena parte de los avances que la arquitectura fiscal, monetaria y financiera de la Unión Europea desarrolle, y, con ellos, de la vuelta de la financiación de la economía. Y dado que el desempeño de la reforma laboral aprobada en la primavera de 2012 no será el mismo con crecimiento que con recesión, es aconsejable dejar reposar el nuevo modelo de relaciones laborales antes de someterlo a nuevos cambios.

El fuerte crecimiento de empleo de los últimos meses tiene un carácter completamente temporal, con una extensión desconocida de los contratos a tiempo parcial, como consecuencia del carácter estacional de las actividades que han contratado y de la cautela de los empresarios, ante la incertidumbre de si la demanda privada se activará ya o se trata todavía de flor de un día. Este recurso creciente a figuras contractuales no fijas y con control de la jornada revelan dudas sobre el futuro y desconfianza de los compromisos laborales más firmes, pese a que se han abaratado los costes laborales directos y diferidos, tanto el salario como el despido.

Concluir, como quieren apresurarse a hacer algunas instituciones interesadas, que hay que abaratar más el despido, es muy prematuro. Pero es evidente que tras un año ya completo de funcionamiento de la reforma, hay engranajes que no funcionan como deberían para proporcionar la flexibilidad precisa.

Los vicios siguen en el uso de la negociación colectiva para ajustar y flexibilizar el trabajo, más por el endemoniado itinerario judicial en el que terminan en muchos casos, que por la falta de voluntad de los empresarios y sus plantillas. Persiste también un entramado cuasi selvático de contratos que debe ser depurado y simplificado, y alguna vez habrá que entrar a explotar las políticas activas y formativas de empleo, limitando el alcance de las pasivas, que por el momento absorben nada menos que el 3% del PIB de los recursos públicos, y que no es eternamente sostenible.

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