Editorial

Retorno seguro y riesgo controlado para invertir

La Bolsa española ha entrado, por fin, esta semana en ganancias anuales, aunque muy modestas, tras desenvolverse todo el año en pérdidas, pese a que la percepción sobre España cambió con el año natural y comenzaron a barajarse previsiones de crecimiento positivo ya para alguno de los trimestres del ejercicio. Esta semana, con el impulso proporcionado por la publicación de resultados tanto de empresas financieras como no financieras, así como por los datos sobre visitantes y gasto turístico y los de evolución del empleo, con crecimiento neto trimestral desestacionalizado por vez primera desde que se inició la crisis, el mercado de renta variable ha avanzado un 5%. Es la mejor semana desde marzo y las revalorizaciones comienzan a concentrarse en las grandes compañías de servicios, que mayoritariamente estaban condicionadas por el desempeño contractivo de España.

Los bancos, sobre todo los que tienen su negocio concentrado en el mercado nacional, tras unos cuantos trimestres de cuentas consumidas por las provisiones crecientes, han comenzado a ofrecer alzas de beneficios; las compañías eléctricas han exhibido en muchos casos la diversificación de sus cuentas, y han acotado el efecto que tendrá en sus números la reforma eléctrica del Gobierno; y empresas como Telefónica han comenzado a registrar de nuevo crecimiento de sus ingresos y han recompuesto sus guarismos en España. Además, la compra de la división de móvil en Alemania de KPN demuestra que Telefónica compatibiliza la reducción de endeudamiento con la ampliación de su balance si tiene al alcance de la mano oportunidades de inversión.

En definitiva: que si los dos grandes bancos confirman la próxima semana una mejora en sus cuentas, en línea con las avanzadas por el resto de la banca, todo parece indicar que este será el año de la recuperación de los beneficios empresariales, que camina paralelo a la recuperación de la actividad económica tras una larga crisis de casi seis años. El saneamiento de los costes de producción de bienes y servicios, las reformas del Gobierno, el fortalecimiento de los balances de los bancos para despejar la financiación futura, y la inestimable ayuda financiera europea, han devuelto buenas sensaciones a la economía española, que ha empezado a cambiar las convulsas cifras de actividad y empleo, aunque para echar las campanas al vuelo sea demasiado pronto.

En todo caso, si el inversor institucional extranjero -fondos americanos, asiáticos o europeos fundamentalmente- han vuelto ya a adquirir deuda española y han despejado las dudas sobre la financiación pública, pese a su persistente carestía, no se ha recuperado aún el flujo de entrada de dinero en activos corporativos españoles, ni en los financieros, ni en los no financieros. Los precios de las compañías españolas, excepción hecha de los bancos que siguen bajo la vigilancia exigente del mercado pese a sus descomunales esfuerzos de recapitalización, no han recuperado la normalidad que debe acompañar a la calidad de sus activos y la fortaleza de sus cuentas de resultados. Mantienen unos descuentos muy elevados sobre el valor intrínseco de sus negocios presentes y sus expectativas de futuro.

Un repaso por las cuatro criterios más consistentes para determinar los valores a incluir en una cartera de inversión revela que incluso las compañías de mayor tamaño siguen siendo buenas oportunidades. El Ibex mantiene una rentabilidad por dividendo que supera el 5%, muy alejado de los más modestos rendimientos que proporcionan las empresas del índice francés o del alemán. Y son empresas muy reconocidas, con recurrencia probada en sus números negros y diversificación geográfica en sus negocios, las que encabezan estos ránking.

Mírese por rentabilidad de los beneficios distribuidos, por PER (número de veces que el beneficio de una compañía está incluido en su valor bursátil agregado), por la relación entre la cotización y el valor en libros de las compañías, o por el potencial de revalorización que tienen las empresas hasta el precio objetivo otorgado por el consenso de los analistas, la Bolsa española cuenta con unas cuantas empresas que pueden conformar una cartera de rendimiento seguro y con el riesgo controlado. Y ahora, con la mejora de resultados y la estabilización de la economía, podría haber llegado el momento de apostar por ellas.

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