Tribuna

Aprovechemos el capital intelectual de los mayores

En las últimas décadas se ha generado en los países desarrollados un fenómeno demográfico que representa uno de los mayores desafíos sociales y culturales que nos toca resolver, y que ha costado siglos de avances científicos. Me refiero a que cada vez tenemos una esperanza de vida más larga. Actualmente casi el 18% de la población tienen más de 64 años y para el 2050 será el 36%.

Sin embargo, este logro trae consigo la inquietud de saber qué hacer en una sociedad con población mayor. La respuesta en modo alguno no es una cuestión individual, sino de todo el grupo social, involucrando políticas públicas e iniciativas privadas.

Desde el punto de vista de los mayores, ¿qué es lo que necesitan?, ¿qué es lo que quieren? Generalmente, ya no tienen obligaciones laborales que cumplir y sus hijos ya son personas independientes. Es el momento de descansar, disfrutar, vivir tranquilamente. Pero en muchas ocasiones, llegar a la vejez supone encontrarse con la soledad, deterioro de la salud, depresión y situaciones a veces desesperantes por la falta de metas que llenen el día a día. Estas son las condiciones físicas y afectivas que hasta hoy dominan entre los mayores.

¿Y cuáles son las consecuencias sociales? Preocupantes a nivel económico y cultural, y quedan afectados muchos niveles. El sistema productivo, por ejemplo, experimenta un descenso de la población económicamente activa; el gasto se eleva año tras año para el pago de pensiones, atención sanitaria y servicios sociales.

Es ante estos datos que se echan en falta acciones de prevención anteriores, falta una acción colectiva oportuna enfocada en generar bienestar e inclusión, sin dejar de lado la educación para aprender a envejecer productiva, sana y activamente.

Existen por supuesto acciones que se vienen implantando para paliar los efectos negativos del envejecimiento, y las aplaudimos. Consideramos sin embargo que además de paliar es necesario trabajar para revolucionar la percepción de la sociedad respecto del envejecimiento, asumiendo que prácticamente todos tenemos una esperanza de vida que ronda los 80 años y que es necesario aprender a llegar a esta etapa de forma activa. Por eso los programas no deben dirigirse solamente en las personas mayores, sino en todas las personas, porque el orden social ha cambiado para todos.

Está claro que una herramienta excepcional para responder a este desafío es el uso de las tecnologías de la información, que no solo se van afirmando como una herramienta de ocio y entretenimiento para los adultos senior, sino que facilitan el fortalecimiento y creación de redes sociales, combatiendo así el aislamiento en el que más del 30% de ellos están inmersos. Parafraseando al saber popular, si la vejez cierra algunas puertas, abre otras tantas ventanas.

El caso es que se está trabajando para la creación de un ecosistema social europeo sobre Internet, que pretende ser un entorno vivo con formación, información, herramientas y apps que impulsen el desarrollo de iniciativas sociales, nuevos trabajos y modelos de negocio, relacionados con las Tecnologías de la Información y la Comunicación, para lograr la integración de un sector hasta ayer aislado de una sociedad cada vez más tecnificada.

Al mismo tiempo, los casos de personas en edad de jubilación que inician emprendimientos económicos apoyándose en las Tics, ya no son raros. Los resultados globales son alentadores, tanto así que el fortalecimiento de la comunicación y en varios casos de la productividad, inciden positivamente en la mejora de la autonomía, la salud mental y física, logrando a nivel de la comunidad recuperar recursos humanos muy necesarios y reducir gastos de atención sanitaria.

El bienestar de nuestros mayores representa también mayor bienestar social y como sociedad no podemos perder su capital intelectual y humano. Con ayuda de la tecnología, pronosticamos que la innovación vendrá de la mano de los adultos mayores, porque son cada vez más y sus necesidades ya están impulsando el cambio de las comunidades humanas en el viejo continente.

Ana María Rodríguez de Viguri es presidenta de Áliad, Conocimiento y Servicio

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