La UE, del revés
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy.
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. EFE

España intenta quitarse de encima a la troika

E l Gobierno de Mariano Rajoy ya tiene una tarea urgente (entre muchas otras) para la vuelta de las vacaciones del verano: quitarse de encima a la troika, ese engendro institucional nacido para gestionar la crisis de la zona euro y compuesto por la Comisión Europea, el BCE y el FMI.

España no ha sufrido la presión de esos tres organismos con la misma intensidad que Grecia, Irlanda o Portugal, pues el FMI no contribuye al rescate de la banca española y, por tanto, solo ha actuado a título consultivo.

Pero eso no ha librado al Gobierno de la atosigante presencia en Madrid, cada tres meses, de unos hombres de negro dispuestos a vigilar no solo el saneamiento de la banca, sino también el ajuste presupuestario y el alcance de las reformas estructurales planteadas.

El Ejecutivo confía en que esas visitas concluyan de manera definitiva en enero de 2014, cuando expira el memorándum de entendimiento con las condiciones exigidas por la zona euro a cambio de un préstamo de hasta 100.000 millones de euros para la recapitalización de la banca española. Y para ello deberá demostrar en septiembre, cuando vuelvan a Madrid los técnicos de Bruselas, Fráncort y Washington, que no precisa ni precisará a corto plazo asistencia internacional.

Pero nadie se atreve a dar por segura esa tranquilizadora hipótesis. Y menos a la vista del temido chequeo del sector bancario que el BCE llevará a cabo a mediados de 2014 antes de asumir la supervisión financiera.

Algunas fuentes comunitarias alientan la conveniencia de que España disponga de una red de seguridad en forma de prolongación de su rescate, a sabiendas de que ese apuntalamiento protege también al resto de la zona euro en caso de que se produzca algún desastre en Grecia, Portugal o Italia.

El Gobierno, sin embargo, parece decidido a recuperar la independencia. Y se siente mucho más fuerte que en junio del año pasado, cuando el Eurogrupo (Consejo de Ministros de Economía y Finanzas de la zona euro) precipitó el rescate de la banca con la convocatoria de una reunión telefónica, el sábado 9 de junio, que el Gobierno español negaba aquella misma mañana.

“Entonces nos habíamos quedado sin acceso al mercado”, reconocen fuentes gubernamentales. “Ahora el FROB tiene un colchón [de 10.000 millones de euros] y el Tesoro emite con regularidad y con fuerte demanda, incluida la internacional”. Este mes, el Tesoro incluso ha emitido deuda a 15 años, por primera vez desde marzo de 2011

El sector privado también ha recuperado en parte sus canales de financiación. En el primer cuatrimestre de este año las entidades financieras han colocado deuda por valor de 15.000 millones de euros. El año pasado, entre abril y julio, la banca española afrontaba vencimientos por encima de los 36.000 millones de euros, pero apenas lograba colocar 500 millones de euros, según cálculos del BCE.

La mejoría permite al Gobierno una suerte de revancha por un rescate al que se vio abocado, en parte, por las dudas sobre el conjunto de la zona euro. El BCE reconoce que esas dudas añadían el año pasado 200 puntos básicos a la prima de riego española, que llegó a superar los 600 puntos.

“En 2014 es borrón y cuenta nueva y todos debemos entrar en el nuevo periodo en las mismas condiciones”, señalan fuentes españolas. “Si el chequeo del BCE detecta necesidades de capital, todos deberemos cubrirlas y España no tiene por qué ser un caso especial”, añaden esas fuentes.

El Gobierno recuerda que la banca española ya ha pasado la revisión exhaustiva que tanto teme la banca de otros países. “La prueba de ese temor”, apuntan fuentes diplomáticas, “es que algunos se resisten a que el chequeo lo haga un consultor externo, como hizo Oliver Wyman en España”. Los pasillos comunitarios atribuyen esa resistencia a Francia e Italia, dos de los países que más se han beneficiado del rebufo de estabilidad del rescate español sin someterse a la terapia de la troika.

las sombras que amenazan el final del rescate

El deseo del Gobierno de librarse de la troika en enero de 2014 se enfrena a varias amenazas. La más grave es el riesgo de contagio de la inestabilidad en otros socios, como Portugal (donde la posibilidad de unas elecciones anticipadas crece por momentos), Italia (en manos de una frágil coalición) o Grecia (donde los mercados auguran una segunda quita). La continuación de la crisis y el consiguiente deterioro de los balances bancarios también podría obligar a España a mantener abierta la línea de crédito de la zona euro (de la que quedan 60.000 millones de euros). Por todo ello, ni siquiera las fuentes españolas se atreven a descartar una posible extensión del rescate.

De ministro del rescate a símbolo de la mejoría

No llevaba ni seis meses como ministro de Economía cuando Luis de Guindos tuvo que anunciar al país la petición a la zona euro de una línea de crédito para evitar el hundimiento de una parte del sector financiero. A pesar del eufemismo, su imagen quedó asociada desde aquel 9 de junio de 2012 a una petición de rescate que el Gobierno intentó sin éxito evitar. Un año después, sin embargo, De Guindos se ha erigido en el portavoz de la recuperación que, según asegura, se percibe en los datos que maneja. El jueves se dará el lujo de confirmar en el Parlamento uno de ellos: una EPA del segundo trimestre que se espera muy positiva.

Irlanda también prepara el final de su rescate

Irlanda espera convertirse en diciembre de este año en el primer país de la zona euro que vuelve a financiarse por sí mismo después de ser rescatado. La semana pasada, la troika confirmó ese calendario tras llevar a cabo la undécima revisión del programa de ajuste y autorizar el desembolso de 3.400 millones de euros, con lo que Dublín ya ha recibido desde 2010 el 97,9% de un rescate internacional de 67.500 millones de euros. El final del préstamo, sin embargo, tal vez no signifique la salida de la troika, porque Dublín aspira a contar con el apoyo del programa de compra de bonos del BCE, para lo que debe someterse a un plan de ajuste, aunque sea más suave que el actual.

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