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Más palabras y menos estímulos

Charlar es mejor que pelear, dijo Winston Churchill. Y charla puede ser lo que Mark Carney, el nuevo gobernador del Banco de Inglaterra, traiga –en lugar de poner en marcha más medidas de estímulo. Puede que las posibles implicaciones para los mercados sean exactamente lo Carney no quiere: una libra más firme y una rentabilidad de la deuda más alta.

El discurso del gobernador ha llevado a los inversores a esperar más estímulos. Pero su primera reunión del Comité de Política Monetaria (MPC, por sus siglas en inglés) arrojó un 9-0 en el resultado de la votación a favor de no cambiar nada. Es un cambio de política en una dirección agresiva. El mes pasado la votación fue de 6-3, con Mervyn King, el gobernador saliente del lado de la minoría que pedía más medidas de expansión.

¿Por qué el cambio? Carney no quiere ser visto emitiendo un voto perdedor –ni pareciendo un perdedor.

La economía británica parece estar logrando un crecimiento más fuerte. Su inflación se sitúa en el 2,9%

El objetivo por ahora también está muy claro. Hay que intentar hacer cambiar de opinión a los tipos de interés del mercado, cuyo ascenso “representó un endurecimiento no deseado de las condiciones monetarias”, según el acta. La gran pregunta es si los mercados van considerarán que Carney y el MPC van de farol.

Los mercados prestarán atención a los deseos de Carney, pero también buscarán el crecimiento y la inflación. En la actualidad, la economía parece estar logrando “un crecimiento más fuerte”, con la inflación, en el 2,9%. Existen los ingredientes para fortalecer la libra con la recuperación del Reino Unido y los tipos de interés del mercado en aumento –siempre y cuando en la mayoría de los países mediterráneos no comience a cundir el pánico y cambien hacia una mayor flexibilización cuantitativa.

Deberían tratar de mantener la calma. Un incremento en los tipos del mercado puede ser visto de otra manera, como un signo de bienvenida al retorno de la paz económica, cuando los bancos centrales no tengan que intimidar a los mercados, ni con palabras ni con peleas de estímulos.

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