Secretos de Despacho

Un padre de familia a los mandos de Leroy Merlin

“La vida de un director general no es nada glamurosa. Trabajas como el que más”

“El equilibrio familiar es fundamental. Se refleja, y mucho, en el rendimiento profesional”

Un padre de familia a los mandos de Leroy Merlin

Yo no vivo para trabajar. Me gusta muchísimo lo que hago, pero tengo muy claro que hay cosas más importantes”. La manera de enfocar la vida del director general de Leroy Merlin, Ignacio Sánchez (Zaragoza, 1968), tiene bastante que ver con la filosofía de su compañía. El conocido grupo de almacenes de bricolaje aspira, de hecho, a facilitar a sus clientes las tareas dela casa. Y la propia empresa, que reparte todos los años el 12% del ebit entre sus empleados (más de 8.000 en España), fomenta el sentido de pertenencia de la plantilla.

Sánchez cree en la cultura del ejemplo, y predica con él. Austeridad sí, pero siempre dentro de unos límites. “Coger un avión a las 12.00 de la noche en vez de a las 19.00 horas para ahorrar 20 euros no es ejemplar: es masoquismo. Esas cinco horas son las que te permiten estar con tus hijos. Es muy importante que los trabajadores tengan una buena vida personal. El equilibrio familiar es fundamental. Eso se refleja, y mucho, en el rendimiento profesional”, opina.

La funcionalidad es una constante tanto en la manera de trabajar de Sánchez como en los productos que vende. Así lo atestigua su amplio y luminoso despacho, ordenado y de estilo muy práctico: el color blanco que baña las paredes solo se rompe ocasionalmente por grandes pósteres repletos de diagramas y esquemas. “Me gusta tener a la vista los objetivos del año. En esta empresa somos muy transparentes”, señala.

Un refugio en el trabajo

Ignacio Sánchez no tiene ningún tipo de duda: su tiempo libre pertenece a su familia. Ni practicar deporte, ni tomar algo con los amigos, ni ir al cine: cuando sale de trabajar lo que más le apetece es estar con su mujer y sus tres hijos. Las estanterías de su despacho dan fe de ello. Se asemeja, de hecho, a un auténtico templo consagrado a los suyos: decenas de fotos muestran cómo han ido creciendo sus vástagos. “Cuando tengo un mal día o se complican las cosas me basta con mirar un rato a las fotos para relajarme y serenarme. Es mi refugio”, confiesa.

Sánchez ejerce con orgullo de padre. Incluso lee artículos especializados en la materia. “Ahora hay una teoría que dice que hacer el bestia con los niños (cosquillas, peleas, etcétera) es muy importante para los de menos de 10 años porque refuerzan sus lazos afectivos con el padre”, cuenta con entusiasmo.

A Sánchez le gusta también jugar al pádel y al fútbol. Ya se está encargando de inculcarle a sus hijos su gusto por el Real Madrid. “Soy merengue, pero sin sectarismos. La gente tiende a mezclar sentimientos e ideología con lo que no es más que un deporte. Al Barça de Guardiola daba gusto verlo jugar, y eso no hay muchos aficionados blancos que lo reconozcan”.

Esa virtud también impregna su despacho, que siempre tiene las puertas abiertas. Las reuniones las suele mantener allí. Pero Sánchez no es ni mucho menos uno de esos ejecutivos que pasan todo su tiempo en la oficina. “La vida de un director general no es tan glamurosa como pueda parecer. Hay quienes piensan que nos pasamos el tiempo en actos y en comidas. Pero trabajas como el que más. Yo viajo mucho por toda España para visitar las tiendas [tienen 55]. Hay que estar en contacto con el negocio, porque, si no, corres el peligro de perderte, de descuidar lo más importante: el cliente”.

La trayectoria profesional de Sánchez está completamente ligada a Leroy Merlin. Entró en la compañía en 1993, cuatro años después de que se estrenara en España. Venía de estudiar en Icade. Empezó en control de gestión. Ahí aprendió la enorme importancia de la logística en un negocio que maneja unas 12.000 referencias.

Pero ahora la guerra se libra en el entorno online. El gran desafío de la compañía, igual que sucede con todas las que se dedican a la distribución, es vender por internet. Pese al desafío que supone para el sector (¿cómo comprar un taladro sin comprobar antes in situ su calibre?), la experiencia está siendo buena. “Hemos conseguido tener 30 millones de visitas en la web”, destaca entusiasmado.

Leroy Merlin factura 15.000 millones de euros anuales en todo el mundo, una décima parte de ellos en España (1.454, según datos de 2012). La cifra no es mala para ser un país de muy poca tradición de bricolaje. “Se sorprendería de lo que es capaz de hacer un ciudadano medio de EE UU. La mayoría de reformas y arreglos de la casa las hacen ellos mismos. Aquí se tiende a contratar profesionales también para realizar tareas poco complejas”, subraya.

La trazabilidad de los materiales empleados también es muy importante para Leroy Merlin. “El cliente debe darse cuenta de que producir con orden y responsabilidad tiene un precio”. Controlar que la madera empleada en los productos efectivamente reúna los requisitos medioambientales y de calidad necesarios es muy difícil. “Por eso quiero fabricarlo todo en Europa, específicamente en España y Portugal, aunque sea más barato hacerlo en Asia”. El 76% de los proveedores de la empresa son nacionales. Hasta en este aspecto se trata de hacer familia.

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