Hoy se cumple un año de la salida de Rato de Bankia

Primer aniversario para un gigante nacionalizado

Bankia afronta la tarea de devolver 18.000 millones de ayuda europea

Luis de Guindos y Rodrigo Rato en marzo de 2012.
Luis de Guindos y Rodrigo Rato en marzo de 2012.

Se cumple hoy el primer aniversario del acontecimiento que terminó por destapar la caja de los truenos en el sistema financiero español y que fue determinante en el rumbo que tomó la economía española en los meses posteriores. El 7 de mayo del pasado año Rodrigo Rato presentó su dimisión como presidente de Bankia, con lo que estallaba una crisis que revelaba las debilidades de la cuarta entidad financiera española y confirmaba los temores sobre los que ya advertían los inversores e instituciones como el propio Fondo Monetario Internacional.

La salida de Rato fue el preludio para la nacionalización de la entidad, dos días después. Un paréntesis breve pero que bastó para sembrar el temor y el desconcierto entre los clientes y que abrió interrogantes sobre la manera en que se decidió la intervención del grupo BFA-Bankia y el papel que jugaron el Banco de España y el Ministerio de Economía, que ha acabado investigándose en la Audiencia Nacional.

La toma de control de la entidad por parte del Estado ponía fin a una etapa que había comenzado en junio de 2010 con la fusión de siete entidades cajas y que tuvo su momento más dulce en julio de 2011, en que la entidad salió a Bolsa a un precio de 3,75 euros por acción. Pero el gigante había nacido con pies de barro y la fuerte carga inmobiliaria que aportaban entidades de origen como Caja Madrid y Bancaja, junto al implacable deterioro de la economía y la creciente necesidad de provisiones –acelerada por los decretos de nuevas exigencias decididos por el Ministerio de Economía– provocaron su estrepitosa caída. A día de hoy, los accionistas que acudieron a la colocación en Bolsa han perdido la práctica totalidad de su inversión.

José Ignacio Goirigolzarri, exconsejero delegado de BBVA, fue el encargado de tomar las riendas de la entidad, a propuesta de Rato y con el beneplácito directo de Luis de Guindos y del Banco de España. De hecho, el relevo del presidente había comenzado a acelerarse tras la publicación, en abril de 2012, de un demoledor informe del FMI que ponía el dedo en la llaga y advertía de la vulnerabilidad de varias entidades financieras. No mencionaba expresamente a Bankia, pero la alusión ya era vox populi.

La nacionalización de Bankia y su matriz BFA fue por tanto el paso definitivo en el reconocimiento de las pérdidas que latían en la cartera de crédito del sector financiero español. Y fue también el detonante que puso a la banca española y al conjunto de la deuda soberana en el disparadero de los mercados. Se confirmaba la debilidad que sospechaban los inversores a la vista del pinchazo de la burbuja inmobiliaria y si la prima de riesgo española cotizaba en los 400 puntos básicos en el momento de la nacionalización de Bankia-BFA, trepó a los 500 puntos básicos un mes después, cuando el Gobierno anunció la solicitud del rescate a sus socios europeos con el que afrontar la recapitalización del sector financiero, en especial la de Bankia.

Goirigolzarri presentó a finales de mayo del pasado año el plan de recapitalización y saneamiento con el que daba comienzo la nueva etapa de la entidad nacionalizada. Y cifró en 23.500 millones de euros las necesidades de capital, una cuantía que reveló la ilusión contable en la que había vivido la entidad, que había declarado un beneficio de 309 millones al cierre de 2011.
La magnitud de la cifra resultaba incompatible con el compromiso del Gobierno de reducir el déficit público, en un momento en que España perdía además de forma cada vez más acelerada la confianza de los inversores. Precisamente a cuenta de la mala salud de su banca.

Y fue esa necesidad acuciante de tapar el agujero patrimonial de la cuarta entidad financiera del país –que a esas alturas ya se había convertido en símbolo de los males del sistema–, sin poner en jaque las cuentas públicas ni la financiación del Estado, lo que terminó provocando la petición de rescate para la banca, justo un mes después de la nacionalización de Bankia. 

El coste para el contribuyente
La auditoría de la banca encargada por el Gobierno a Oliver Wyman confirmó las estimaciones lanzadas por Goirigolzarri, al detectar una necesidad de capital para BFA-Bankia de 24.700 millones. El trasvase de activos tóxicos al banco malo y las quitas que encajarán los titulares de preferentes y subordinada han cubierto 6.700 millones de esas necesidades. El resto, 18.000 millones de euros, son las ayudas europeas que el banco deberá devolver en un plazo de cinco años al FROB y que, de no hacerlo, habrán sido un gasto a fondo perdido para los contribuyentes españoles.

El Estado es quien asume el riesgo del los 41.000 millones de euros del total del rescate europeo concedido a la banca española, incluida Bankia. Las ayudas se inyectan a través del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), que asume la inyección como deuda pública. Y esas ayudas también han impactado ya en el déficit público, que en 2012 cerró en el 10,6%. Con anterioridad al rescate de Bruselas, Bankia ya recibió ayudas por 4.465 millones de euros de preferentes suscritas por el FROB y convertidas en capital que ya se han perdido. La devolución de los 18.000 millones del resto de ayudas es la gran tarea en marcha un año después.

Nueva etapa de recortes y vuelta a los beneficios

La concesión de las ayudas europeas gracias a las que Bankia ha confirmado su supervivencia como entidad independiente, evitando una subasta, ha impuesto un duro plan de recortes de red y plantilla y la activación de una política comercial concentrada en la recuperación del negocio básico. Bankia anunció a finales del pasado mes de noviembre un plan estratégico a tres años por el que prevé la vuelta a beneficios en 2013 –año en que prevé ganar ya 800 millones de euros– y obtener un resultado neto de 1.200 millones en 2015. El desafío es notable si se parte de que la entidad cerró 2011 con unas pérdidas consolidadas de 3.318 millones, más los números rojos de 19.056 millones de 2012 registrados en Bankia, los mayores sufridos nunca por un banco español.
En el primer trimestre del año, la entidad ha conseguido enderezar la cuenta de resultados, libre ya de activos tóxicos y completados los saneamientos necesarios, y ha cosechado un beneficio neto de 213 millones de euros a nivel de grupo, 72 millones de beneficio en la filial cotizada Bankia. La entidad ha acelerado también en el primer trimestre el ajuste de red. Prevé que ya en el primer trimestre de 2014 haya quedado cerrado por completo el recorte, por un total de 1.143 oficinas, con lo que anticipa la fecha prevista inicialmente, de cierre de 2015.
Y en el horizonte más inmediato, tiene pendiente el canje de preferentes y subordinada por acciones de la entidad, que implica fuertes quitas para sus titulares. Los nuevos títulos para atender a la conversión comenzará a cotizar el próximo día 28 de mayo.

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