Santander se ha hecho global bajo el sello de la banca comercial

La salida de Sáenz pone fin a más de una década de dominio total sobre la gestión

Comenzó como consejero delegado de un banco doméstico que ha terminado en global

Botín creó un eficaz tándem con Sáenz, que compensaba la agresividad del presidente

El presidente de Santander, Emilio Botín, junto a Alfredo Sáenz en la presentación de los resultados anuales de 2012, el pasado 31 de enero.
El presidente de Santander, Emilio Botín, junto a Alfredo Sáenz en la presentación de los resultados anuales de 2012, el pasado 31 de enero.

Banco Santander ha tenido que acceder finalmente a la marcha de su consejero delegado, Alfredo Sáenz, una de las figuras más emblemáticas de la banca española en las dos últimas décadas y uno de los últimos exponentes de una generación de banqueros que ha marcado la forma de hacer banca comercial en España. Con Sáenz se marcha un banquero que comenzó como consejero delegado de un banco doméstico que ha terminado transformado en un banco global. Y, con su salida, la entidad afronta la espinosa cuestión de relevo generacional en el banco, que se había ido postergando.

Alfredo Sáenz comenzó su trayectoria bancaria en los inicios de los años 80 en Banco de Vizcaya, al misma cantera en la que también se criaron Francisco Luzón –otro de los banqueros de referencia de Santander, responsable hasta hace poco más de un año del área de América Latina y expresidente de Argentaria– y Ángel Corcóstegui, ex consejero delegado de Santander y antes del BCH, y precursor del hasta ayer consejero delegado de Santander en el cargo.

En los años 80, Santander era el más pequeño del denominado grupo de los 7, el puñado de entidades sobre las que giraba el sistema financiero español. Y fue entonces cuando Sáenz empezó a labrar su trayectoria de banquero con la que acabaría recalando en Santander y fraguando una transformación por la que el banco ha multiplicado casi por cuatro su tamaño desde 2001, apoyado en el desarrollo de una banca comercial agresiva e innovadora marca de la casa.

Ahora la entidad de origen cántabro se ha convertido en el primer banco de toda la zona del euro Santander ha pasado de los 358.138 millones de euros de activos de ese año a 1,25 billones de euros en 2012 y de unos fondos gestionados de 453.384 millones de euros a los 1,39 billones al cierre del pasado ejercicio.

La acción sube el 2,6% tras el cambio

Los títulos de Santander no se resintieron ayer de la noticia de la marcha de Alfredo Sáenz al frente de la gestión del grupo y se anotaron un alza del 2,6%, en una jornada en la que el Ibex subió el 1,85%. La cotización del banco apenas ha notado las novedades del proceso judicial por el que Sáenz fue primero condenado por la Audiencia Provincial de Barcelona, en diciembre de 2009, y luego por el Tribunal Supremo, en marzo de 2011 y que redujo la pena. Sin embargo, los gestores reconocían ayer que la renuncia de Sáenz y su sustitución por un ejecutivo sin experiencia directa en banca comercial había sembrado cierta inquietud.
Los analistas que cubren el sector financiero español señalan que el relevo del consejero delegado era una cuestión que el banco debía abordar de forma inevitable y que estaba llegando incluso a dañar la imagen corporativa de la entidad entre algunos inversores institucionales. La incertidumbre que se plantea ahora es cuál será el grado de poder que tendrá Javier Marín, el nuevo consejero delegado y si su figura será definitiva o, por el contrario, transitoria, a la espera de que el otro gran relevo pendiente para el futuro, el del presidente Emilio Botín, traiga quizá un nuevo cambio del principal gestor, con un perfil bancario de mayor peso.
“El cambio generacional puede ser muy bueno, pero el mercado lo que realmente adora son las historias de reestructuración”, señala un analista de un banco extranjero, que afirma que el nuevo consejero delegado ha llegado sin un plan estratégico propio y concreto. Marín deberá afrontar de hecho la débil impresión que han causado los resultados del primer trimestre del año y la inquietud más extendida entre los inversores: las necesidades de capital que puedan surgir de un deterioro adicional de la economía española y de nuevas exigencias de provisiones. Otro punto de inquietud alude a la estrategia de venta de filiales y sus salidas a Bolsa, que resta capacidad de generación de beneficio a largo plazo. “España ha sido aun así el factor principal para la caída de la acción”, defiende un analista, que recuerda el efecto que las ampliaciones de capital y reparto de dividendo tienen a la hora de evaluar la creación de valor de la etapa de Alfredo Sáenz.
Por otro lado, Santander entregará una acción por cada 1,579 títulos de Banesto en el canje previsto dentro del proceso de fusión de ambas entidades, que se hará tras el cierre de la sesión del viernes 3 de mayo.

Elevada diversificación

Y el perfil del banco ya es indiscutiblemente global: España apenas representa el 11% del beneficio ordinario, frente al 12% de Reino Unido, idéntica proporción a la de Estados Unidos o el 26% que ya aporta Brasil, una de las joyas de la corona, al grupo. Una diversificación que ha permitido amortiguar la cruda crisis económica, derivada del pinchazo del boom del ladrillo en el plano nacional y de la debilidad de la zona del euro, sufrida en España.

Sáenz comenzó su labor como consejero delegado de Santander en febrero de 2002, en sustitución de Ángel Corcóstegui, con cuya marcha se cerraba de forma definitiva el pulso por el reparto de poder que se mantenía en el banco tras la fusión de Santander y BCH y que permitía así el regreso de Ana Patricia Botín a la primera línea ejecutiva del grupo. Ana Patricia Botín pasó a ocupar entonces la presidencia de Banesto, que había sido el territorio de Sáenz hasta que dio el salto como número dos del grupo.

El ya ex consejero delegado de Santander había abordado su primer proceso de reestructuración y saneamiento de una entidad con Banca Catalana, intervenida por el Banco de España. Fue su presidente entre 1986 y 1994 y esa experiencia fue el germen por el que el Banco de España volvió a confiarle en 1994 un nuevo proceso de salvamento bancario, el de Banesto. Era una tarea de una magnitud sin precedentes, que solo ha quedado empequeñecida tras el rescate de Bankia, casi 20 años después, y a cuyo frente, como sucediera entonces con Banesto, se ha puesto al frente a uno de los ejecutivos bancarios de mayor reconocimiento, José Ignacio Goirigolzarri.

Sáenz fue el artífice de la recuperación de Banesto. Y cuando en abril de 1994 Santander se adjudicó Banesto en subasta, confirmó a Sáenz como máximo responsable del banco.

Saneamiento de Banesto

Banesto fue para Sáenz la puerta de entrada a un gran banco español y la vía de salida definitiva del BBV, del que procedía y que había quedado inmerso en una dura lucha de poder tras la muerte de Pedro Toledo –presidente del Vizcaya y verdadero mentor de Sáenz en sus inicios–. El saneamiento de Banesto queda para la historia reciente del sistema financiero español como uno de los grandes logros de Alfredo Sáenz, aunque, de alguna manera, también le haya pasado factura al final de su carrera.

La gestión de Sáenz dejará como legado en el banco la adquisición del británico Abbey National, en julio de 2004, por 12.800 millones de euros, en su día la mayor compra transfronteriza en Europa; la operación a tres bandas por la que adquirió en 2007 AMB Amro junto a Fortis y Royal Bank of Scotland, que permitió al banco reforzar su presencia en Brasil (con Banco Real), mientras sus socios seguían pocos años después el camino de la nacionalización; o la expansión por nuevos mercados como el polaco y el estadounidense, con la entrada en Sovereign en octubre de 2008, quizá la adquisición más cuestionada por los analistas.

“Sáenz ha actuado como contrapeso dentro de Santander a la agresividad de Botín”, señala un ejecutivo de banca que destaca además el perfil “muy ejecutivo del consejero delegado, con un profundo conocimiento de los temas”.

La marcha de Sáenz pone también fin al tándem creado con Emilio Botín. El presidente de Santander había encontrado en su consejero delegado el punto de equilibrio justo para el reparto de poderes entre dos personalidades brillantes y de fuerte perfil ejecutivo. “Tienen caracteres complementarios”, defienden desde una entidad extranjera. “En ausencia de Botín, los inversores estaban tranquilos de que el banco lo llevaba Sáenz”, reconoce un analista del sector que prefiere hablar desde el anonimato y que señala el perfil mucho más modesto del nuevo consejero delegado del grupo.

La marcha de un peso pesado como Sáenz aboca ahora al grupo a un nuevo esquema de gestión en el que el consejero delegado tenga labores más de coordinación y deje más iniciativa a los responsables de área. Termina la etapa de dependencia de Alfredo Sáenz y comienza una nueva en la que su sucesor, Javier Marín, deberá consolidar su papel de cara al futuro. Más allá del que ha sido consejero delegado durante más de una década y con la perspectiva de quien pueda suceder en la presidencia a Emilio Botín.

Normas
Entra en El País para participar