Tribuna

Construir España

Dejemos para otro día la formidable necesidad de vertebrar este país, desde reforzar una esencia interna compartida e indiscutible hasta los procesos de reestructuración social o política. Lo que sigue necesitando España es una construcción física. Sin duda, no la de la especulación salvaje que hicieron (unos) para tenernos entrampados en nuestras hipotecas (a casi todos) hasta que terminen de pagarlas nuestros hijos. Que quede claro: construir por construir, jamás, si puede ser.

Otra cosa es que a una magnífica industria de materiales, competitiva a nivel mundial y empeñada en la innovación y en el cumplimiento de la legislación medioambiental; o a profesionales de la arquitectura y de la ingeniería, de reconocido prestigio en el contexto internacional; o a constructoras, gremios o instaladores, con siglos de experiencia desde los alarifes de la Alhambra hasta los de hoy, a todos esos, se nos mire como a vendedores de droga en la puerta de un colegio.

"Hagamos el debate necesario para no repetir el disparate que ocurrió en la construcción y sentémonos a fijar el horizonte a largo plazo"

Peor aún es pensar que en España no tenemos que reformar y rehabilitar edificios, teniendo tres millones de viviendas con más de 50 años, o que no tengamos que mantener, reforzar y mejorar las infraestructuras viarias, en un país con 60 millones de turistas. O que no resten por hacer hospitales, colegios, ciudades de la justicia, etc. Todo ello al servicio público. Sí, sin duda, tenemos que hacerlo. Sí, podemos hacerlo. Ergo sí, debemos hacerlo.

Todos los últimos presidentes del Gobierno han apostado más por una foto fácil en una factoría de coches o en una gran instalación, pero qué poco se les ha visto en las pequeñas plantas de producción. La notable diferencia es que nosotros hemos perdido la mitad de nuestro tejido industrial, en empleo, sin que nadie nos haya llamado todavía para ver cómo lo arreglamos. En Europa se está lanzando una reindustrialización de la economía, recuperando parte del peso que se cedió al sector servicios, a fin de consolidar unas bases más estables a medio plazo. En España, a la industria de materiales que ha sostenido a la construcción, tanto en sus horas de euforia como en las de sucesivas crisis, se nos ha dejado caer a plomo en lugar de plantear reestructuraciones ordenadas de los diferentes subsectores.

Es el momento de afrontar nuestro futuro como país, hagamos el debate necesario para no repetir el disparate que ocurrió en la construcción (y en quien la financió) y sentémonos a fijar el horizonte a largo plazo: regeneración de vivienda, de edificios, de zonas urbanas y rurales, de patrimonio histórico, de infraestructuras, etcétera. Todo ello con empleo cualificado, formado, estable y de calidad. Todo ello, también, con calidad para los ciudadanos y con respeto al medio ambiente y con seguridad para todos.

En este camino, saludamos con cierta alegría tanto el proyecto de ley de rehabilitación, regeneración y renovación urbana como el plan estatal de fomento de alquiler de vivienda, de rehabilitación edificatoria y de regeneración y renovación urbana, pero hemos propuesto desde CEOE varios aspectos esenciales: la necesidad de cubrir la reforma del interior de las viviendas (gran motor de actividad económica desde la decisión individual de cada titular de vivienda), la importancia de definir no solo las inspecciones o evaluaciones que sufra una vivienda, sino, sobre todo, la obligatoriedad de las medidas de mantenimiento que recomienden dichos informes, así como la coordinación de los tres niveles de la Administración para cubrir el análisis de todo el parque de viviendas. Es imprescindible que exista una deducción fiscal en la reforma que supere al IVA aplicable en la misma, si queremos hacer emerger una buena parte de la economía española.

Por último, los responsables políticos han de asumir que sin el respaldo pleno y decidido a la construcción, empezando por la rehabilitación, España no sale de la crisis. En esta línea, hemos demostrado en diferentes informes que el retorno fiscal por la actividad en rehabilitación supone un porcentaje muy alto de cualquier inversión que realice una Administración pública, añadido a los beneficios en ahorro energético o en emisiones de CO2, por ejemplo.

Ahuyentemos las corruptelas, la chapuza y la especulación. Potenciemos la viabilidad económica, la profesionalidad y la calidad. Exportemos esos valores. Necesitamos el impulso político de quienes tienen hoy la ineludible responsabilidad de gobernar. Les hemos hecho las propuestas y estamos trabajándolas con los agentes sociales y con los diferentes sectores. Es hora de pasar de las palabras a los hechos. Con emergencia.

Eso es reestructurar un sector y, de paso, construir España.

Luis Rodulfo Zabala es director general de CEPCO.

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