Tribuna

El Banco de España y la bajada de sueldos ajenos

Se impone reconocer que hay fuerzas incoercibles como las del principio de Arquímedes, que hacen flotar un sólido sobre un fluido; las gravitatorias y las inerciales, descritas por Newton, las electromagnéticas, cuyas ecuaciones escribió Maxwell, y tantas otras de la mecánica clásica y de la cuántica. Se diría que es una fuerza de esa naturaleza la que impulsa invariable al Banco de España para mantenerse como Banco emisor de doctrina, una vez que, desaparecida la peseta, perdió sus facultades originarias para emitir moneda en papel o en acuñaciones a partir de aleaciones metálicas.

Esta propensión irrefrenable a erigirse en escuela de pensamiento económico, preferentemente fuera de la esfera de su competencia, ha llevado una y otra vez al Banco de España, y le sigue llevando, a inmiscuirse en asuntos excéntricos a la vigilancia del sistema financiero y a la atenta supervisión de las entidades que lo integran, que deberían ser sus funciones capitales y constituir el objetivo de su dedicación fundamental. Pero el examen de la trayectoria del Banco durante los ochos años del gobernador anterior, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, y los meses que lleva en el puesto su sucesor, Luis María Linde, confirman que la preferencia obsesiva donde se fija la atención prioritaria es la reforma laboral y sus aplicaciones más audaces.

Mientras esa prioridad, que con tanto celo venía propugnando Fernández Ordóñez, acaparaba todas las energías discursivas, centraba todos los análisis del servicio de estudios y absorbía todas las capacidades propositivas, sucedía que dentro de sus aguas jurisdiccionales se gestaba a la vista de todos la galerna arrasadora de las cajas de ahorros y de otras unidades bancarias, que ha estado a punto de dar al traste con el país entero. Así que íbamos de sobresaliente en sobresaliente superando las pruebas de solvencia para escenarios cada vez más adversos, conforme a los llamados 'stress test' dictados por la UE, nos pavoneábamos de tener el mejor y más resistente sistema financiero y seguíamos inflando la burbuja inmobiliaria y la del latrocinio de las cúpulas directivas, avanzando, impasible el ademán, como luego se supo, hacia el precipicio del rescate.

"La nueva panacea es la reducción de salarios (...) Estamos a punto de inventar la sociedad de consumo sin consumidores”

Recordemos que, al menos en voz alta, el Banco de España poco tuvo que decir durante años sobre el desmadre, los abusos, los créditos autoconcedidos a los integrantes de las cúpulas de las instituciones, los descuadres, la falta de provisiones, la supervaloración de los activos, los blindajes e indemnizaciones de escándalo, los bonos multimillonarios a los responsables de las pérdidas, las cuentas del gran capitán y las auditorías en connivencia. En tanto que la feria de las burbujas, visible a miles de kilómetros, apenas llamaba la atención de los servicios del Banco de España pese a su preciso sistema de vigilancia a base de inspectores empotrados, que se cuentan por decenas en los bancos de grande y mediano tamaño.

La lectura del boletín de marzo del Banco de España permitiría colegir que el actual gobernador, Luis María Linde, cristaliza en la misma escuela de pensamiento que su predecesor. De ahí la propuesta de “un mejor aprovechamiento de las posibilidades que ofrece la nueva legislación laboral para adaptar los salarios al tono de extrema debilidad del mercado de trabajo”, medida que considera “un ingrediente crucial para la salida de la crisis”. En román paladino significa que el Banco de España recomienda a las empresas que aprovechen aún más las posibilidades que ofrece la reforma laboral para que se ajusten los salarios en lugar del empleo. O sea que después de bajar las indemnizaciones para facilitar el despido con el resultado que observamos en el incremento del paro, ahora la nueva panacea es la de reducir los salarios. Así que después del café sin cafeína, el té sin teína, el vino sin alcohol y el tabaco sin nicotina, estamos a punto de inventar la sociedad de consumo sin consumidores.

De esta opción salvífica, basada en las reducciones salariales, como ya imagina el lector, queda excluido el personal del Banco de España que, a tenor de su última memoria publicada, la correspondiente a 2011, tiene una plantilla de 2.686 empleados y un coste global de personal de 231,5 millones de euros. De manera que el capítulo de personal representa el 51,5% del presupuesto y supone un coste total medio por puesto de trabajo de 86.181 euros, solo un 2% inferior al coste promedio de un empleado del Banco de Francia y por encima del coste de un ministro, cifrado en 78.731 euros. Las rebajas salariales son para los demás. Mientras Rajoy y sus mariachis, incapaz de iluminar el futuro, prosigue incasable en el oscurecimiento del pasado y reclama nuestro agradecimiento, en línea con la película 'Minority Report', dado que sin él al frente nos hubieran sobrevenido todas las catástrofes. Atentos.

Miguel Ángel Aguilar es periodista.

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