El Foco

Qué fue de la educación

A raíz de los desastrosos resultados en las pruebas de aspirantes a profesores de primaria en Madrid, el autor reflexiona sobre las causas del fracaso escolar en España y los fallos de nuestro sistema educativo.

Hubo un tiempo en este país, tiempo no muy lejano, donde la educación se cimentaba en el conocimiento, el aprendizaje, el esfuerzo, el rigor, la seriedad, la ilusión y el sacrificio de miles de maestros mal pagados y a veces a los que no se les reconocía aquella labor. Hubo un tiempo donde acceder a la cultura y a la educación no era fácil. Un tiempo donde valores y principios, civismo y educación iban de la mano. Donde la formación era integral, generalista y profunda a la vez. Tiempos donde los niños no sólo recitaban la lista de los reyes godos, sabían de guerras, de historias, de ríos, de ciencias naturales, matemáticas y física, lengua y lectura, y tantas y tantas otras materias. Un tiempo en blanco y negro, de pupitres carcomidos por los años, con tintero y plumillas y apenas libros, pero donde el profesor, el maestro, era algo más que un mero maestro. Ahora hay otro, donde un ingente número de profesores y postulantes, no son capaces siquiera de superar una prueba para alumnos de doce años.

Inaudito en el país de la vanidad y la soberbia que se vanagloria por doquier de tener la generación más preparada de jóvenes, como un evanescente cliché al que nos asimos con descaro y frugalidad. Pero, ¿qué ha fallado, qué está fallando y qué seguirá fallando? Nos hemos rendido a la superficialidad y a lo accesorio, no a la esencia, ni esencial, sino a lo circunstancial y meramente temporal. Se aprende sin razonar, se enseña a veces solo para un examen y una memoria elefantiásica para unas horas o días, pero no se asimila, no se critica, no se interioriza, no se desarrolla el conocimiento, la crítica, la reflexión, el contraste, el análisis, simplemente no se enseña a hacerlo. Prima lo próximo, lo inmediato, lo contingente.

Hubo un tiempo en que los niños recitaban la lista de los reyes godos y sabían de guerras, de historias y ríos

Desde nuestra democracia se ha ido devaluando la educación, y más el sistema educativo, por culpa de una vana ideología y politización del todo por el todo. Sucesivas y vacías leyes de educación arrojan un balance claro, fracaso. Se ha renunciado a educar, al aprendizaje, y se ha apostado por el adoctrinamiento vacuo, estéril, superficial. Se ha permitido incluso al alumno con cierto número de asignaturas suspensas pasar de curso. Y eso en los primeros años, en los que un niño es una esponja que absorbe, que devora, que aprende y se adentra en un mundo de conocimiento y cultura. El daño es irreversible, el colmo que un altísimo porcentaje de postulantes a plazas de primaria en Madrid suspenda esas pruebas.

Réquiem por la educación, por el conocimiento, la clave de bóveda de la cultura, del aprendizaje. No podemos ser un país sin maestros. Cavar el pozo, el pozo del desconocimiento, de la ignorancia más arrogante. El profesor debe acompañar al alumno, enseñarle a pensar, a reflexionar, sentarse a su lado. De uno en uno. Cuidemos la calidad, valoremos el esfuerzo, el estudio. No al adoctrinamiento, sino a la educación. Educar en valores, en rectitud, en conocimiento, con calidad, sin sectarismo, desde el respeto al otro.

"Este país desvencijado necesita preparar a las próximas generaciones desde el esfuerzo y el rigor”

No es esta una tarea que ataña únicamente a los gobernantes y al sistema educativo en general, con independencia de si el ámbito sea público, privado o concertado. Es la propia sociedad la más afectada y, sobre todo, el alumnado. Transferidas las competencias a las comunidades, estas son responsables de algo más profundo que un enunciado.

Este país desvencijado y a lomos permanentes de una cansina mula vieja machadiana necesita preparar a las próximas generaciones desde el esfuerzo, el rigor, la profundidad del conocimiento, el respeto a las ideas del otro. Seriedad en los contenidos, eficacia en la exigencia. No importa el ámbito, escolar, bachillerato, formación profesional, universidad. No es cierto que tengamos hoy la generación más preparada de nuestra historia. Sí si lo comparamos con el tanto por ciento de jóvenes que han culminado sus estudios universitarios respecto a otras épocas, pero ¿y la calidad real de su formación? Y muchos están fuera, emprendiendo caminos y profesiones a las que no se tiene acceso o salida en nuestra comunidad. Tenemos que cuidar ese presente porque compromete el futuro de todos. Muchos empiezan a irse fuera, la sangría es lenta pero continua.

El Gobierno lo ha apostado todo a la reducción drástica de educación y sanidad. Cuidado.

A raíz de los recortes y de esta crisis miles de docentes en toda España y comunidades se han echado a las calles. Huelgas de docentes públicos que ven modificadas sus obligaciones cuando no extinguidos sus contratos de interinaje. Sin duda es este un serio problema en el caso de aquellos que pierden su puesto interino. Se incrementan horas y se recortan gasto educativo en becas, en formación. Qué se ha hecho bien y qué se ha hecho mal es un interrogante que hay que trasladar en el tiempo. Se ha sobredimensionado la docencia y ahora no hay dinero para hacerle frente.

Somos país dado al péndulo y la improvisación, no hace mucho el lema era clases reducidas de alumnos y reducción de horas lectivas semanales que provocó que las plantillas de docentes creciesen exponencialmente. Que interinos pasasen a ocupar su plaza fija a través del empleo público. ¿Realmente eran asumibles aquellas reducciones y estos incrementos de personal?

Hoy todo ha cambiado entre recortes drásticos de gastos que las comunidades realizan bajo el marchamo de cumplir como sea con los objetivos del déficit exige. No se piensan otras vías. El gobierno lo ha apostado todo a la reducción drástica de educación y sanidad. Cuidado. No todo es austeridad. Dialéctica y confrontación partidista.

Pero la realidad es la que es y como es, lejos del capricho y la galbana intelectual. La política educativa no es un mero gasto más que se atempere al socaire de la coyuntura económica. Pagaremos las consecuencias a medio plazo, peor aún de las que ya existen. Somos un desastre en el informe PISA, somos el país de la Unión con mayor tasa de abandono escolar. Se llama fracaso.

Al tiempo que se reduce, desde el frío análisis y la optimización de recursos, haríamos bien en buscar las causas del fracaso escolar, el nivel de exigencia, el grado de capacidad cualitativa y profesional en nuestros docentes, todos. Incentivos y motivación. Cada vez llegan peor preparados los alumnos a la universidad, pero también a la sociedad. Mejorémoslo. Es una obligación no sólo moral. Es la médula de una sociedad.

Abel Veiga Copo es profesor de Derecho Mercantil de Icade.

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