Editorial

España se agarra a la exportación

El patrón de crecimiento al que España ha fiado la recuperación parece que funciona y lo hace bien. Como siempre en el pasado, las crisis de balanza de pagos se resuelven abaratando los costes de producción para recuperar niveles de competitividad en los mercados, pero sobre todo en los exteriores. Esta no será diferente, y la intensificación prevista en la aportación del sector exterior al crecimiento económico comienza a confirmarse en enero. Las exportaciones crecieron en el primer mes del año casi un 8% (7,9%), más del doble de lo que lo han hecho las ventas externas de las economía de la zona euro, y especialmente de Alemania, cuya exportación creció un 3,1%, o de Francia, que prácticamente se estancaron en el arranque del ejercicio.

 

Además de la mejora cuantitativa, se ha registrado también un notable avance cualitativo, con un reparto de la cartera de ventas que equilibra ya las destinadas a la zona euro con las dirigidas al resto del mercado, y todo ello pese a que el precio de la divisa comunitaria no está en unos niveles de cotización que estimulen las operaciones. Han tirado especialmente con fuerza las ventas de medios de transporte (coches), los bienes de equipo y los productos agroalimentarios, tres sectores con gran potencial que recuperan el dinamismo que habían perdido en los últimos años. Y han emergido mercados nuevos de volúmenes considerables en el norte de África, en Asia y en Latinoamérica, que compensan la atonía en la que se mueve la demanda de Europa, donde ya registra España superávit con un buen número de países (Francia, Reino Unido, Italia, Portugal o Austria).

Con la tendencia iniciada en 2012 y que parece intensificarse y prolongarse ahora, el déficit comercial proseguirá reduciéndose. Pero queda mucho por hacer para recomponer plenamente el nivel de competitividad potencial de España. Los sacrificios realizados en costes de producción a todos los niveles y en todos los sectores de bienes y servicios comercializables no han sido en balde, tal como los números empiezan a demostrar. Deben apurarse cuanto se pueda allí donde los umbrales de competitividad sean mejorables, y deben combinarse de forma adecuada con la apertura de nuevos mercados para empresas que hasta ahora fiaban su suerte a las cuatro paredes del país.

Las Administraciones están haciendo un esfuerzo de promoción comercial importante, unificando las iniciativas antes desperdigadas y vacíos, que debe traducirse también en la identificación de nuevas inversiones cruzadas, de las que España está ahora más necesitada que nunca. Todos los esfuerzos son pocos para tratar de neutralizar la contracción que genera la pasividad creciente de la demanda interna.

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