El Parlamento de Chipre rechaza la tasa a los depósitos

El pequeño gran rescate de Chipre se le va de las manos al Eurogrupo

La dureza de Holanda y Alemania provoca el derrape de la operación

Nicosia ha convertido un problema local en una crisis del euro

Pancartas de protesta en Chipre contra la tasa a los depósitos.
Pancartas de protesta en Chipre contra la tasa a los depósitos. Bloomberg

Siempre he dicho que el problema de Chipre es, al menos, tan grande como el de Grecia, aunque no lo parezca por el tamaño del país”. Fue la advertencia de despedida del veterano Jean-Claude Juncker cuando cedió la presidencia del Eurogrupo hace dos meses a Jeroen Dijsselbloem.

El inexperto ministro holandés de Finanzas acaba de comprobar cuánta razón tenía su predecesor. Y el primer rescate aprobado bajo su mandato, para un país que solo supone el 0,2% del PIB de la zona euro, amenaza con desestabilizar de nuevo a todo el continente y ha reabierto la posibilidad de una escisión de la Unión Monetaria.

El Parlamento de Nicosia ha rechazado un rescate que hace pagar a los depositantes de más de 20.000 euros por los desmanes del sector bancario chipriota. Ni siquiera el partido en el Gobierno, que alcanzó el pacto con Bruselas se ha atrevido a votar a favor de éste. Los bancos chipriotas siguen cerrados para evitar una fuga masiva de depósitos, después de que el BCE amenazase directamente a Nicosia con dejarlos quebrar si el Parlamento no aprobaba el rescate. Sin acuerdo, la bancarrota de Chipre y la salida de un país del euro son, ahora, una posibilidad.

El cataclismo comenzó a fraguarse en Bruselas la noche del 4 de marzo, horas después de que Dijsselbloem presidiera por segunda vez la reunión mensual del Eurogrupo (Consejo de Ministros de Finanzas de la zona euro). La cita oficial terminó antes de las siete y media de la tarde. Se confirmaba, por tanto, la intención del joven holandés de romper con el estilo de un Juncker acostumbrado a prolongar las reuniones hasta bien entrada la madrugada.

“Hay que escuchar a todos, en especial, a los países del sur”, justificaba el luxemburgués sus horarios el día de la despedida ante el Parlamento Europeo. “Si no se hace así”, añadió, “será un desastre en cuestión de meses”. Juncker erró en el cálculo. El desastre ha llegado en cuestión de semanas, con la zona euro desbordada por un rescate aparentemente pequeño (17.000 millones de euros) pero que su relación con el PIB del país (casi el 100%) es el segundo mayor de la historia después del de Indonesia.

Reunión restringida

Aquel 4 de marzo, Dijsselbloem ya no tuvo más remedio que trasnochar por primera vez para asistir tras el Eurogrupo a una reunión restringida con la Comisión Europea, el BCE, el FMI y los ministros de Economía de Alemania, Francia, Italia, España, Portugal y Chipre. La cita, según una fuente presente en el encuentro, versó casi en exclusiva sobre la aportación de los clientes del sector bancario chipriota al rescate de la isla.

La idea inquietaba a los países susceptibles de sufrir el contagio de la operación, como Italia y España. Pero la alternativa, una reestructuración de la deuda pública chipriota, resultaba más temible porque demostraría a los inversores que el caso griego dejaba de ser una excepción para convertirse en norma. Las primas de riesgo se hubieran disparado.

Con esa vía cegada, la reunión apuntó a los depósitos, en especial a los de clientes no residentes que en Chipre suponen casi un tercio de un total de 68.000 millones de euros. El ministro alemán, Wolfgang Schäuble, presionó en ese sentido porque la oposición socialista del SPD ya había dejado claro que votaría en contra del rescate si no había una quita a los grandes clientes de la banca chipriota, a quienes se atribuye lazos con la mafia rusa y el blanqueo de dinero.

La mala suerte estaba echada para los depósitos de más de 100.000 euros. La fórmula sobre la mesa planteaba una quita en los tres bancos más dañados, lo que hubiera provocado una pérdida de hasta el 40% para los grandes clientes y bonistas, pero hubiera activado la intervención del fondo de garantía para cubrir a los pequeños accionistas.

Pero esa fórmula no prosperó en la reunión extraordinaria del Eurogrupo el pasado viernes, 16 de marzo. El Gobierno chipriota se resistió porque hubiera espantado aún más a los grandes inversores y hubiera dañado a las empresas que utilizan Nicosia como centro financiero. Se optó, en cambio, por una tasa a los depósitos de todos los clientes, en una decisión aún por aprobar y que ha obligado a cerrar los bancos al menos hasta el jueves para evitar una retirada masiva de fondos. La medida tan radical ha transformado un problema del Gobierno chipriota en una pesadilla para toda la zona euro. Un contragolpe que el bisoño Dijsselbloem ni vio venir.

La ayuda de Moscú, también en el aire

El rescate de Chipre, en teoría, debería contar con 10.000 millones de euros de la zona euro y el FMI; 5.800 millones del propio país a través de la tasa a los depósitos bancarios, y otros 1.200 millones en forma de renegociación de la deuda de Chipre con Rusia. Pero todas las partes, incluida esta última, están en el aire. El ministro de Finanzas chipriota, Michallis Sarris, viajó ayer hasta Moscú para solicitar la prórroga en los plazos de devolución de un préstamo anterior (en 2011) de 2.500 millones de euros, concedido al 4,5% de interés.

El Gobierno ruso, sin embargo, ha reaccionado con dureza ante la anunciada tasa del 9,9% a los depósitos bancarios de más de 100.000 euros y del 6,75% a los menores. Un castigo a los ahorradores, entre ellos los rusos, que disponen de unos 20.000 millones de euros en la isla.

La medida también amenaza con agriar la cita de la Comisión Europea con el Gobierno de Putin mañana en Moscú. Una reunión anunciada la semana pasada a bombo y platillos, mientras que ayer la CE ni siquiera sabía cuántos comisarios se atreverán a acompañar al presidente José Manuel Durão Barroso.

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