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Una buena vía para crecer

George Osborne quería hacer mucho con muy poco. El ministro de Finanzas británico no lo ha hecho mal. Su presupuesto, entregado ayer, se vio limitado por el duro entorno económico y fiscal, pero se las arregló para llevar la fiscalidad y los gastos del gobierno a las direcciones más útiles.
Las restricciones son, de hecho, duras. A pesar de la austeridad, o debido a ella quizá, el déficit público permanece elevado, en el 7% del PIB, y la deuda queda configurada para cerrar en el 86%del PIB, junto a una reducción a la mitad de las perspectivas de crecimiento, hasta el 0,6%.
La respuesta de Osborne ha sido dar más de lo mismo: reducir algunos gastos, sin tocar la sanidad, para financiar algunas bajadas de impuestos y el aumento del gasto en infraestructuras de 3.000 millones de libras al año.

El aspecto más agradable y coherente de las políticas del canciller es que ha hecho mucho por los británicos peor pagados. El umbral del impuesto sobre la renta se ha elevado en un 54% en cuatro años A medida que los menos pagados gasten sus ingresos, es probable que el último recorte fiscal genere alguna recuperación económica. Las empresas, por contra, son reacias a gastar. Pero el plan de bajar el impuesto de sociedades al 20% debería animar la inversión.

El doble plan de “Ayuda a comprar”, que suma dinero del gobierno y garantías para el mercado de la vivienda, es menos atractivo. El objetivo, impulsar la construcción de nuevas viviendas, es loable, pero el plan corre el riesgo de subir los precios y añadir apalancamiento en un sector propenso a la burbuja. Hubiese sido mejor eliminar el impuesto especial a la banca para mejorar el crédito.

Ni el lento crecimiento ni las críticas han desviado a Osborne de su compromiso con la austeridad. La prueba final será si estabilizan las finanzas públicas y dejan un Reino Unido en crecimiento. En una economía no tan dirigida por la austeridad como muchos creen, las perspectivas para ello son buenas.

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