Editorial

Nuevos pasos para que progrese la financiación

Esta última semana el mercado financiero ha estado a punto de colocar la rentabilidad del bono español a 10 años por debajo de la registrada por el italiano. En algunos momentos, las primas de riesgo se han estrechado hasta casi tocarse, mientras que hace un mes, justo antes de las elecciones italianas, estaban separadas por casi cien puntos básicos. Finalmente, parece que toda la expectativa se ha diluido y los inversores siguen exigiéndole un poco más a los bonos emitidos por España que a los de Italia, pese a que la incertidumbre política abierta en el país transalpino no está resuelta y someterá aún a sus títulos de deuda a un agitado vaivén.

En todo caso, cuando desaparezca la niebla política, los mercados volverán a atenerse a los fundamentales para decidir si colocan el dinero en la deuda periférica del sur en la de centroeuropa, y si lo hacen con mayor apetito en la italiana o la española. En las últimas semanas de 2012 los operadores habían experimentado un giro en la percepción que tenían de España en términos financieros, y algunos incluso situaban a la economía española como la primera del mundo como objetivo de inversión. Además de las garantías que el BCE ha proporcionado sobre la sostenibilidad del euro, apreciaban los cambios que en la legislación laboral y fiscal ha introducido España en el último año, hasta convertirla en uno de los lugares más aparentes para la inversión industrial. Lógicamente, a esos cambios han seguido nuevos datos fiscales que corroboran el esfuerzo de consolidación fiscal realizado por España, lo que fortalece el mensaje de que su solvencia pública se está recuperando y de que una quiebra de sus finanzas debe ser descartada.

Pero todo lo realizado, independientemente de su comparación con Italia, que no pasa de ser un mero ejercicio temporal, da para llevar la prima de riesgo hasta los 310 puntos y el Ibex 35 hasta cerca de los 9.000 puntos. No da para más, porque el mercado exige pasos adicionales que las autoridades comunitarias ya han insinuado y que el Gobierno tiene en la agenda pero no acaba de poner sobre la mesa del Consejo de Ministros.

Sin medidas adicionales en materia de flexibilización de los mercados y nuevas y significativas reducciones del déficit estructural, la prima de riesgo se anclará donde está y las valoraciones de las empresas en Bolsa también, porque no se habrán despejado las dudas sobre el verdadero crecimiento potencial de la economía y la generación de beneficios de sus corporaciones, sobre todo aquellas que solo operan en el mercado nacional.

El viernes el Gobierno dio algunos pasos, como endurecer de forma notable el recurso empresarial a las prejubilaciones de sus plantillas, así como el que voluntariamente ejercen algunas personas que sin remisión son expulsadas del mercado de trabajo en los tres lustros previos a su retiro. Pero es mala noticia si esta es la fórmula única para retrasar la edad real de jubilación, y si esta es la única receta para dar más solidez a la Seguridad Social, hasta el punto de que desaparezcan todos los temores sobre su viabilidad financiera futura.

Los números del sistema de pensiones no son nada buenos, y de no hacer cosas más profundas, como una aceleración del retraso de la edad de jubilación, un endurecimiento de la cotización y de la prestación, el fondo de reserva se agotará antes de que la recuperación proporcione a las arcas públicas suficientes recursos como para poner a salvo el futuro. Es un camino de causa-efecto de ida y vuelta. Sin corregir los riesgos financieros que subyacen a los números, no habrá crecimiento, y sin éste, no se corregirán los riesgos financieros. Por tanto, para abaratar la financiación de verdad –de la que la prima de riesgo es una simple baliza de señalización– hay que dar certidumbre financiera con el objetivo de recuperar el crecimiento, y que así el bucle virtuoso se cierre plenamente. Toda la agenda de reformas-mejora de la financiación-crecimiento económico, y por ese orden.

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