Editorial

Tras el saneamiento empresarial, el despegue

Nunca antes como en la presentación de los resultados de 2012 las empresas cotizadas habían tenido que dar tantas explicaciones al mercado. Aunque las compañías cotizadas en el índice Ibex 35 han logrado salvar unos beneficios netos de más de 14.000 millones de euros, han vuelto a los niveles nominales de 2002, nada menos que hace 10 años, pero con una cifra de negocio muy superior. Las provisiones por el deterioro de los activos en casi todos los sectores, así como niveles de endeudamiento muy difíciles de sostener en muchos casos, han recortado los beneficios brutos como nunca antes y han dejado, eso sí, el balance sólidamente saneado y preparado para la recuperación, para el despegue de los números negros. De hecho, el consenso de estimaciones de los beneficios netos para este año, para 2013, es de un avance del 150%, hasta cerca de los 36.000 millones de euros.

Las explicaciones que acompañan a las cuentas de resultados son, de alguna manera, el reconocimiento de una lectura tardía de la profundidad de la crisis y de cómo salir de ella desde el punto de vista corporativo. Son la constatación de que en muchos casos los gestores se han dejado llevar por el esperar y ver que han practicado también los Gobiernos y han retrasado las soluciones. Se trata de compañías del Ibex, muchas de ellas muy internacionalizadas, y de gestores de primer nivel; pero mayoritariamente han dejado madurar la crisis hasta el riesgo en ciertos casos, y en otros, como en la banca, han sido las aceleradas provisiones fijadas por el Gobierno las que han desatado el ajuste. Claro está que no es fácil capear el negocio de empresas que se desenvuelven fundamentalmente en una economía que ha acumulado todos los vicios y excesos del sobrecrédito, y que encadena seis años ya de recesión real y con las expectativas de los agentes económicos bajo mínimos. Es claro que si España tiene una crisis de balance, sus empresas lo tienen también, como lo tienen los hogares. En todo caso, Europa, y España también, quizás por la legislación, pero también por la cultura, siguen capturadas por fórmulas conservadoras de hacer las cosas, y muy necesitadas de un repaso por los modelos anglosajones de resolución de las crisis.

En todo caso, las 35 empresas que componen el índice selectivo de la Bolsa tienen ya el 55% de su negocio fuera de España, y han registrado un avance de sus ventas fuera de la Península del 12,7%, lo que las convierte en la mejor vacuna contra la recesión prolongada de España. Este dato por sí solo convierte en injustificable el castigo que las compañías españolas han sufrido en sus cotizaciones, lastradas también por una partida de nacimiento que las liga necesariamente a España y la imagen financiera que proyecta en el resto del mundo. Pero ese amplio anclaje en los negocios fuera de España, y sobre todo en mercados o bien emergentes o bien muy maduros y sólidos, junto con el ambicioso plan de saneamiento que se ha desatado en 2012, es la mejor garantía de que 2013 será el año del despegue definitivo de ventas y beneficios y la normalización de la remuneración a los socios del capital. Telefónica, la primera empresa de telefonía de Europa y con presencia en todos los continentes, recupera el dividendo en 2013, tras un año de recomposición de su posición financiera, y los bancos han anunciado ya que también en 2013 recuperarán la remuneración en metálico de sus accionistas, en todos los casos tras admitir que España lastrará sus cuentas una larga temporada.

Las empresas del Ibex, como las que no están en él y las que ni siquiera cotizan, deben acelerar el ajuste de balances a las necesidades de su mercado o buscar ampliaciones de este para sus negocios. Pero cada cual tiene que hacer su parte para salir del bucle recesión-pérdidas sin esperar a que sea la competencia quien les fuerce a hacerlo, ni que la Administración emprenda soluciones artificiosas como en el pasado. En términos macro, la solución está en marcha (déficit, regulación), así como la disposición del sistema financiero a movilizar el crédito. Las empresas deben mantener su apuesta por ganar cuotas de mercado para proporcionar los retornos adecuados.

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