Tribuna

Auge y destrucción de la clase media

Es fácil determinar qué colectivos humanos forman la denominada clase media. En cada tiempo, en cada lugar y en cada cultura los límites cambian y los criterios para establecer una definición clara varían. Casi se llega a la conclusión que es más una sensación del colectivo que una definición cerrada.

Durante los últimos 70 años se ha tenido en España la sensación de que la clase media aumentaba, cada vez más ciudadanos formaban parte de ella y las distintas facetas del llamado Estado del bienestar las iban cubriendo, el país prosperaba. Pero esta línea de crecimiento, de expansión, se está deteriorando muy gravemente en estos últimos años.

Una clase media potente es estabilidad social y crecimiento económico

La clase media la componen ciudadanos, en principio, con una gran tolerancia, estiman como superior la libertad individual y el riesgo que conlleva el direccionismo y la protección del Estado. Estabilizan la sociedad y solo en situaciones extremas reaccionan con ira, contra quienes entienden que están destrozando su hábitat natural.

El área de actividad económica de la mayoría, suele ser el ejercicio de actividades profesionales y el mantenimiento de pequeñas y medianas empresas. En la actualidad, estos grupos están siendo violentamente zarandeados por la actual crisis económica. Cierre de pequeñas empresas, reducción de sueldos y pensiones, desvalorización de sus activos en los que invirtieron durante toda la vida, aumento de costos en servicios absolutamente necesarios, tratamiento fiscal que deteriora gravemente su capacidad de ahorro y de consumo, etc.

Si los seis millones de parados no son un explosivo social se debe a este enorme colectivo

No seamos ajenos a que si en el momento actual seis millones de parados no son un explosivo que vuela nuestra sociedad se debe a ese enorme colectivo, hasta ahora, de clase media, que ha acogido a los suyos y les está permitiendo sobrevivir.

Este grupo de ciudadanos es, sin embargo, mucho menos tolerante al ver invadida su área de privacidad, lo que entienden por la libertad fundamental para organizar su vida y la de los suyos. Entienden que el núcleo familiar es un valor absoluto. Que este núcleo tiene todo el derecho a educar a los suyos conforme a sus creencias, sean estas cuales sean y a ser absolutamente respetado en las mismas. No están dispuestos a admitir que sea el Estado el que eduque y forme a sus miembros.

Casi la única exigencia al sector público es que actúe con los medios y medidas necesarios para garantizar la existencia real, no virtual, de un Estado de Derecho, que proteja sus personas y sus bienes. Exige leyes, pocas y simples, que traten igual a los que son iguales, Gobiernos que cubran el cumplimiento de dichas leyes y una justicia que cuando la ley es violada, en un tiempo razonable, sancione y desaliente a quien incumplió la ley.

En la actualidad, el núcleo familiar está siendo atacado permanentemente y no se defiende ninguna medida que favorezca eficazmente la institución. La intromisión en la educación ética y moral de los hijos es constante. El crecimiento del sector público se ha vuelto incontrolable, con su exhibición de corrupción, cohecho y despilfarro. La sensación de inseguridad en cuanto a las personas y bienes se extiende a una gran velocidad. La aceptación de que las leyes tratan a los iguales igualmente, de que la actuación del Gobierno consigue el cumplimiento de dichas leyes y de que las sentencias de los tribunales reponen el daño causado y restituyen los bienes robados es absolutamente mínima entre los ciudadanos. El descontento de la clase media es creciente.

Hace un par de semanas, durante uno de sus discursos, Barack Obama dijo: “Es tarea de nuestra generación volver a poner en marcha el motor de crecimiento económico de América: una emergente y próspera clase media”.

Pues sí, una clase media potente es estabilidad social y crecimiento económico, su destrucción es inestabilidad y miseria social.

Elisa Martínez de Miguel es socia de Pedersen & Partners

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