Tribuna

¿Qué va a pasar con la educación económica?

La educación es el motor que promueve la competitividad de la economía y el nivel de prosperidad de un país". Esto es lo que dice la primera frase de la Exposición de Motivos del anteproyecto de Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE). Sí, tenemos nueva ley educativa a la vista, con sus siglas correspondientes (qué fatiga...). Y la primera frase del texto, así como el resto del primer párrafo, justifica la educación por su relevancia para la economía de un país; no porque contribuya a formar ciudadanos más sabios, más libres y más felices, y sociedades más justas y mejores.

En 2008, los gobiernos de medio mundo propagaron a los cuatro vientos su intención de incorporar la formación financiera (y económica en general) a los planes de estudio de las enseñanzas primaria y secundaria, para que desde edades tempranas los alumnos adquirieran prudentes hábitos de consumo, ahorro e inversión, basados en conocimientos y herramientas económicas básicas. Recién estallada la crisis, políticos de todo signo nos decían que al menos nos serviría para aprender una lección: nunca más se cometerían los mismos errores porque las generaciones futuras contarían con una amplia educación económica y financiera, la cual les permitiría tomar decisiones de consumo, inversión y endeudamiento más responsables, así como controlar mejor la actuación de las empresas y los gobiernos en general y la banca en particular.

En consonancia con ello, la OCDE decidió también que el conocido Informe PISA (Programme for International Student Assesment) que elabora cada 3 años, incluiría en 2012 una prueba de conocimientos financieros, cuyos resultados (junto con los del resto de pruebas) se esperan para finales de 2013. Dicho informe es citado también en la Exposición de Motivos del anteproyecto de la nueva LOMCE, cuando señala que "el sistema actual no permite progresar hacia una mejora de los resultados, como ponen en evidencia los pobres resultados obtenidos por los alumnos españoles en las pruebas de evaluación internacionales como PISA".

En España, en septiembre de 2009, el Gobierno anterior anunció su intención de desarrollar un Plan de Educación Financiera en Secundaria. Se trataba de un plan elaborado conjuntamente con el Banco de España y la CNMV, y que vio la luz, como experiencia piloto, dos años después, en el curso 2011/2012. La audacia del Ministerio de Educación consistió en que 30 institutos de 14 Comunidades Autónomas dieran en 3º de la ESO dos módulos de formación financiera, de 10 horas cada uno, en asignaturas como Educación para la Ciudadanía, Ciencias Sociales o Matemáticas. Propuesta tan inane resultaba más comprensible si teníamos en cuenta que los principales interesados en perpetuar nuestra ignorancia financiera, las propias entidades financieras, tardaron poco en ir adhiriéndose al proyecto.

Pues bien, no solo aquel plan quedó en nada, sino que el actual Gobierno podría ir más allá si finalmente decide recortar aún más el ya escaso papel de la Economía en Bachillerato. Efectivamente, así podría ser, ya que el anteproyecto de la LOMCE (después de señalar, como hemos visto, la importancia de la educación en términos económicos y la pobreza de los resultados obtenidos por España en el Informe PISA), no solo no extiende la formación económica y financiera a la ESO y a todas las modalidades de Bachillerato, sino que elimina la Economía como "asignatura obligatoria específica" de 1º de la modalidad de Ciencias Sociales, sustituyéndola por Literatura Universal. Queda así como materia optativa (que "los centros podrán ofrecer"... o no), si bien es cierto que pasa a serlo también para el Bachillerato de Ciencias. Además de ello, también se eliminaría de 2º la optativa llamada Fundamentos de Administración y Gestión, asignatura que coincide en contenido con la de Economía de la Empresa del mismo curso, pero que está encaminada a una enseñanza más práctica, basada en la creación de planes de empresa por parte de los alumnos.

Quiero pensar que se trata de un error, una omisión del anteproyecto que se subsanará en la tramitación parlamentaria de la ley. Si no fuera así, una vez más habría que concluir que a nuestros gobernantes no les preocupa especialmente la perpetuación de la ignorancia general en determinadas materias (Economía, Derecho, Medicina y Salud...) en las que una formación básica resultaría tan útil para la sociedad. Antes bien, mostrarían nuevamente que prefieren que la educación sea, como decía Norman Douglas, "la fabricación de ecos controlada por el estado". Más aún, el Ministerio de Educación en particular habría demostrado que, lejos de inquietarse por el previsible ridículo que con toda probabilidad haremos en conocimientos financieros en el Informe PISA y olvidándose de promover en los institutos la cultura emprendedora (que tanto se supone que apoyan nuestras administraciones), habría optado por que en materia económica y financiera no haya apenas ni ecos... tan solo silencio.

José Miguel Moreno Sánchez. Profesor de Economía en el instituto Ramiro de Maeztu (Madrid)