La derrota del Bundesbank

Hubo un tiempo en que una simple entrevista con el presidente del Bundesbank (Banco de Alemania) podía desencadenar una hecatombe monetaria en el Viejo Continente. Después llegaba el debate sobre si sus palabras habían sido malintencionadas o malinterpretadas. Pero el desastre ya era irreparable.

La última vez que ocurrió fue en septiembre de 1992 cuando unas (¿desafortunadas?) declaraciones del entonces presidente del Buba, Helmut Schlesinger, provocaron el miércoles negro que reventó el Sistema Monetario Europeo (la libra esterlina y la lira italiana tuvieron que abandonar ese régimen de tipo de cambios) y condenó a la peseta a tres devaluaciones consecutivas. Dos décadas después de aquella tormenta financiera el Buba sigue siendo un actor decisivo en la política monetaria europea. Pero sus presidentes están obligados a acatar los acuerdos del Banco Central Europeo, una de las pocas instituciones de la UE genuinamente federales en la que el voto del representante alemán vale tanto, al menos en teoría, como el del chipriota, el holandés o el español.

Esa aritmética del voto impedirá hoy al presidente del Bundesbank vetar los planes del presidente del BCE, Mario Draghi, para frenar en seco las primas de riego "inaceptables" que, según el italiano, soportan algunos socios del euro. Pero la previsible derrota de Weidmann no parece fruto solo de la habilidad de Draghi para hacerse con el apoyo del resto de banqueros centrales. También parece indicar el aislamiento de una institución, tan venerable como anacrónica, que no se adapta a la Unión Monetaria nacida hace 13 años. El anterior presidente, Axel Weber, abandonó abruptamente el cargo tras una iracunda reacción a la primera intervención del BCE. Y la nueva intransigencia de su sucesor, Jens Weidmann, ni siquiera cuenta con el apoyo de su mentora, la canciller Angela Merkel. De manera significativa, el otro miembro alemán en el consejo de gobierno del BCE, Jörg Asmussen, también se ha desmarcado del Bundesbank y se ha alineado con Draghi, un presidente que al ser nombrado hace un año fue descrito como "el más alemán de los italianos". Tan alemán que incluso ha derrotado al Bundesbank.