COLUMNA

Políticas confusas en Reino Unido

El primer ministro británico, David Cameron, está bajo la presión de no dar marcha atrás a la austeridad, pero de ir más allá, hacia el crecimiento. Tiene algunas ideas. Pero el mayor paso que puede tomar es un cambio de política en cuanto al aeropuerto de Heathrow. Eso solo mostraría su mayor debilidad: la ausencia de una visión integral. Los Gobiernos necesitan saber hacia dónde van. Y Cameron y George Osborne, el ministro de Finanzas, han de saber al menos cómo está el presupuesto. Su intención es revertir el derroche del Gobierno anterior y reducir el déficit fiscal. Pero el Ejecutivo necesita hacer más: en infraestructura, energía, educación, burocracia y transporte. Sin una visión integral, las políticas corren el riesgo de ser fragmentarias y contradictorias.

Y las medidas fragmentarias son las que vienen. No todas son malas. El Gobierno quiere intentar racionalizar las leyes de urbanismo. Un proyecto de ley de infraestructuras dotado de 40.000 millones de libras en proyectos. Otro plan puede aportar 10.000 millones para vivienda. Y un banco comercial estatal puede canalizar financiación a las pequeñas empresas. El Gobierno quiere hacer todo lo que pueda sin presionar más al déficit. Pero el riesgo es que estas políticas no estimularán demasiado. ¿Cuáles son las alternativas? Si el Ejecutivo fuese más audaz podría llevar a cabo un mayor gasto de capital ahora para hacer subir el crecimiento y los ingresos fiscales. Esto provocaría las burlas por salirse del plan de austeridad inicial. Pero la crisis y la recesión en la eurozona están dañando el crecimiento. Eso da margen para cambiar de política. En otra área, el Gobierno parece preparado para cambiar de rumbo. Bombardeado por las críticas de que la carencia de capacidad aérea del país mantiene atascado el crecimiento, Cameron parece tentado a aprobar una tercera pista para el aeropuerto de Heathrow. Eso sería incumplir una promesa. Pero, lo que es más preocupante, sugeriría que los planes de infraestructura de transporte en Gran Bretaña, que deben integrar carretera, tren y aire, se están elaborando sobre la marcha. Y eso no es visión de futuro.