Viajes

Lujo y relax en la Mallorca de interior

El Hilton Sa Torre ocupa una antigua finca del siglo XIV, bien rehabilitada y con capilla propia. Rodeada de prados y rutas de bicicleta, es el lugar perfecto para desconectar.

Detalle del pórtico de entrada al patio del Hilton Sa Torre
Detalle del pórtico de entrada al patio del Hilton Sa Torre

Mallorca tiene una merecida reputación como paraíso para quienes buscan sol y playa. Los nueve millones de visitantes que atrae anualmente son prueba de ello. Pero su potente reclamo en el segmento vacacional no quita que haya otras muchas maneras de poder conocer una ínsula fascinante.

La cadena hotelera estadounidense Hilton, especializada en el segmento del gran lujo e identificada con las grandes ciudades, ha conseguido fraguar un agradable remanso de paz a pocos kilómetros de Llucmajor, un pueblo de interior relativamente cercano a Palma. El Hilton Sa Torre está emplazado en una majestuosa finca que data del siglo XIV, cuya estructura ha ido siendo ampliada a lo largo de las generaciones. Hoy es un palacete cuya rehabilitación y decoración, a cargo de Mercedes González López de Carrizosa, ha querido respetar el toque rústico genuino de la zona, palpable en muebles y cortinas, sin renunciar al lujo del sello Hilton. Las seis suites con que cuenta el establecimiento, todas ellas en el edificio principal, han sabido capturar el encanto del caserío.

La finca ocupa unos 50.000 metros cuadrados, que incluyen la casa solariega y un gran patio que da acceso a un torreón, donde se encuentra la entrada principal al hotel. El caserío principal está rodeado de varias estancias que se le han ido añadiendo: más habitaciones, salas de conferencias y convites, piscinas, campos de tenis y una cancha de fútbol. Sus extensos jardines, por los que circulan conejos y perdices en libertad, contribuyen a reforzar la sensación de tranquilidad que irradia el paraje del lugar.

Y ese es el principal logro del establecimiento: su ubicación. Está en pleno campo, rodeado de parcelas agrícolas y alejado de los coches y el follón de las playas. Árboles, vallas de piedra y caminos para ciclistas es todo lo que verán los visitantes del hotel que salgan a dar un paseo por los alrededores de la finca. Aunque si se toma una bici o un coche, disponibles en el mismo hotel, se está a tiro de piedra de Llucmajor, un agradable pueblecito de interior que en el siglo XIV fue escenario del enfrentamiento entre las tropas de Jaume III de Mallorca y Pere IV de Aragón.

Pero una estancia en Mallorca no está completa sin bañarse en la playa. La costa que rodea Sa Torre es Cap Blanc, una zona de calas muy valoradas por los isleños y de singular belleza gracias a los acantilados que dominan las vistas.

Pese al atractivo de las escapadas, el Hilton Sa Torre lo tiene todo para que los huéspedes opten por no salir del recinto. Esa es la opción de los lugareños que escogen el lugar para celebrar bodas (la finca cuenta con su propia capilla, de estilo neogótico), e incluso por algunos clubes de fútbol, que usan sus instalaciones deportivas para preparar la pretemporada.

Las comodidades del establecimiento incluyen un completo spa, con servicio de masajes, y una luminosa y tranquila biblioteca con vistas a la capilla.

La oferta gastronómica del hotel merece una mención aparte. Cuenta con un restaurante-bar con terraza, en el que se sirven las tres comidas diarias. Y, además, alberga entre sus muros el Restaurante Zaranda Sa Torre, cuya cocina dirige Fernando Pérez Arellano. El buen hacer del establecimiento, trasladado de Madrid a Llucmajor en 2010, fue galardonado ese mismo año con una estrella Michelin.

La cocina del Zaranda, un atractivo en sí mismo que aporta al complejo visitantes procedentes de toda la isla, apuesta ciegamente por los productos locales, brindando al comensal diversos platos en los que las hortalizas, el marisco y la carne de caza son los protagonistas. El menú degustación (82 euros, 125 con la propuesta de vinos del sumiller) incluye platos como el muy recomendable huevo negro con caviar de sepia y el pavé de lengua de ternera confitada con ensalada tibia de patata y puerro, uno de los clásicos de la carta.

Guía para el viajero

Cómo ir

El aeropuerto de Palma de Mallorca, el tercero más importante del país, tiene vuelos diarios desde casi todos los aeródromos españoles. Otra opción, para quienes se traigan el coche, es coger un ferry en Barcelona o Dènia.

Qué visitar

Llucmajor, situado a unos diez kilómetros el hotel, es el pueblo más cercano. Para compras, Palma de Mallorca es la mejor opción. Las calas que quedan más cerca son las de Cap Blanc. Recomendable el arenal que queda entre Sa Ràpita y Colònia Sant Jordi.