EDITORIAL

Regreso al mercado con dosis de prudencia

Tras una difícil travesía del desierto, con una caída acumulada de un 30% hasta julio, el optimismo ha vuelto cautelosamente al mercado español. Han sido meses de debacle en el parqué y de presión insoportable sobre el riesgo-país, que a finales de julio coronaba los 638 puntos básicos y batía así todos los récords de la era del euro. Pero tras el anuncio del presidente del BCE, Mario Draghi, de que el organismo haría lo necesario para apuntalar el euro, la confianza parece haber comenzado a regresar. Y lo ha hecho pese a que el mismo Draghi generó también inquietud al condicionar la intervención del BCE -en forma de compra masiva de deuda española- a que el Gobierno pida ayuda europea para afrontar los próximos vencimientos de deuda. Y lo ha hecho también pese a que, de momento, Mariano Rajoy no ha dado una respuesta oficial sobre la decisión española, a la espera de que el BCE desvele qué condiciones -plazo, alcance y contundencia- tendrá su intervención en el mercado.

La apuesta de los inversores sobre un rescate financiero, que sitúan en cuestión de semanas o meses, ha hecho descender la prima de riesgo por debajo de los 500 puntos básicos y rebotar el selectivo un 26%. Un panorama que no está exento de riesgos, pero que ofrece al mismo tiempo oportunidades de inversión que los expertos aconsejan aprovechar. Y lo hacen con modelos de carteras de acciones en los que se apuesta por la diversificación en un intento de sacar el máximo partido al rebote bursátil, al mismo tiempo que se reduce en lo posible el riesgo de cara a lo que queda de año. Tras meses de atrincheramiento en posiciones defensivas, parece haber llegado la hora de volver a apostar -aunque con la cautela que impone la propia volatilidad del mercado y las incógnitas que subyacen al anuncio del BCE- por el parqué español.

El motivo son las posibilidades de rebote que ofrece un Ibex que ha ido muy por detrás de los grandes índices bursátiles europeos y que aún tiene recorrido por delante. Valores como Repsol, Telefónica, Iberdrola, Enagás, Ferrovial o Abengoa, entre otros, constituyen opciones atractivas para diversificar una cartera de inversiones dispuesta a apostar por títulos españoles. Mientras algunos analistas optan por rebajar así el peso en europeos en favor de una vuelta al parqué nacional, otros reparten sus recomendaciones entre fondos y títulos extranjeros, como es el caso de Volkswagen, Nike, Boeing, Roche Holding, Swiss Re, Novartis o ABB, entre muchas otras opciones. Compañías estadounidenses y canadienses -Google, Apple, Canadian National Railway- y algún guiño a emergentes completan la batería de opciones. Por el momento, y dado el turbulento escenario que está viviendo la banca, la cautela se impone en el sector financiero. Pero los resultados de los tests de estrés definitivos -que se esperan a mediados de septiembre y no deberían retrasarse ni un día más de la fecha prevista- han de marcar un punto de inflexión que ponga en el lugar merecido a las entidades más solventes respecto al resto.

Pese a que las últimas jornadas han devuelto el pulso a los mercados, se inicia un semestre pleno de incógnitas que resulta de gran importancia despejar. La más importante para España es la decisión final del Gobierno sobre la petición de ayuda al fondo de rescate europeo, íntimamente ligada -como no puede ser de otra forma- a las cartas que Mario Draghi ponga finalmente sobre la mesa. La necesidad de aflojar la carga financiera que soporta España es extremadamente urgente, porque de ello depende la severidad de una hoja de ruta fiscal que está exigiendo un alto grado de sacrificio al conjunto de la ciudadanía española. Pero toda solicitud de ayuda debe ir acompañada de garantía suficiente por parte del Banco Central Europeo, que asegure que el respaldo que proporcionarán las medidas no convencionales será de suficiente entidad como para permitir a nuestra economía utilizar ese oxígeno financiero para poner las bases del crecimiento.