TRIBUNA

Esfuerzo y austeridad

Los Presupuestos Generales responden a la delicada situación económica que atraviesa España y Europa. Al igual que las medidas de ajuste de diciembre, combinan realismo (no aumentar impuestos indirectos en plena recesión), conciencia social (se mantienen pensiones y prestación por desempleo) e incrementos de impuestos que recaen sobre las mayores rentas (IRPF, IBI, rendimientos de capital). Los sindicatos, partidos de izquierdas y algunos medios de comunicación afines no han concedido ni cien días de gracia al Gobierno que ha heredado el peor cuadro macroeconómico de la democracia. El PSOE recurre a métodos demagógicos, boicoteando sesiones del Congreso, de los Parlamentos de las CC AA y entes locales. Ex ministros del anterior Gobierno, que han sido incapaces de evitar que en España haya 5,4 millones de parados, dan lecciones sobre derechos sociales desde sus cómodos escaños en el Congreso.

He defendido la labor de Gobiernos presididos por Felipe González, que afrontaron con éxito la reconversión industrial y las negociaciones de adhesión a la Comunidad Europea. Pero el actual PSOE respalda una fracasada huelga general cuatro meses después de sufrir su mayor varapalo electoral desde la transición. Los gobiernos de Zapatero no diversificaron el insostenible modelo de crecimiento económico español y acometieron ineficientes y mínimas reformas estructurales y de ajuste. Zapatero heredó en marzo de 2004 una economía saneada, con una tasa de paro del 11% y que había generado 4,5 millones de empleos desde 1996.

El Gobierno no puede arreglar en tres meses el desastre causado por casi ocho años de zapaterismo. Pero en sus primeros cien días, Rajoy ha aplicado o anunciado reformas de calado que modernizarán la economía española: fondos para consolidar mediante fusiones un sector financiero español sobredimensionado y endeudado; lucha contra el fraude fiscal; código de buen gobierno para penalizar la mala gestión de recursos públicos; eliminación de algunos puentes festivos; inyecciones de fondos del ICO para que las Comunidades Autónomas y ayuntamientos puedan pagar a sus proveedores; y cierre de empresas y entes públicos sin viabilidad económica.

Creyendo en la veracidad del 6% de déficit proclamado por el anterior Gobierno y con la obligación de reducirlo al 4,4% a finales de este año, el nuevo Ejecutivo tuvo que congelar los salarios de los funcionarios e incrementar el IRPF y el IBI para reducir el déficit en 16.500 millones. Rajoy consiguió que la UE asumiera un objetivo más realista, el 5,3%. La tan denostada reforma laboral contiene modalidades contractuales que gobiernos (en Alemania bajo los socialdemócratas) de países con paro inferiores al 10% (Alemania, Holanda, Suecia, Austria) han adoptado con éxito: contrato indefinido a tiempo parcial, deducciones para contrataciones de los colectivos más afectados por el paro, lucha contra el absentismo y el fraude en las prestaciones y la reducción del excesivo coste de despido para los contratos indefinidos.

España se encuentra en una encrucijada. Debemos estar en el pelotón de cabeza de la unión fiscal de la UE. LosPresupuestos de 2012 son duros, aplicando una reducción del gasto del 16% a los ministerios y reduciendo partidas necesarias en infraestructuras nuevas, cooperación al desarrollo y políticas activas de empleo. Combinados con los aumentos de impuestos y la subida de la luz y el gas, generan 27.300 millones euros de ahorros adicionales. El Gobierno acertadamente no ha subido impuestos indirectos para no ahogar el consumo y ha compensado la mayor flexibilidad en el despido de la que gozarán las empresas con la eliminación de deducciones. Combinar austeridad y medidas que fomenten el empleo en plena recesión es un ejercicio de acrobacia presupuestaria. Al final de 2012 veremos si el Ejecutivo ha conseguido alcanzar ambos objetivos.

La austeridad es dolorosa pero imprescindible si España aspira a estar entre los países líderes de la UE, como lo fuimos al ser socios fundadores de la eurozona en 1999. Angela Merkel ha asumido combinar el Mecanismo Europeo de Estabilidad y el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera para crear un cortafuegos de 800.000 millones de euros. Incluso con las reformas estructurales y la austeridad, no saldremos pronto del atolladero sin un cambio de mentalidad que fomente el trabajo, sacrificio y ahorro. La izquierda cargará contra el aumento de la luz y el gas y la disminución de subvenciones poco productivas. A los demás nos toca trabajar y crear riqueza sin dejar atrás a los más necesitados. Haríamos bien en tomarnos para Semana Santa los mínimos días, y previa consulta a la vicepresidenta del Gobierno.

Alexandre Muns. Profesor de la Escuela Superior de Comercio Internacional de la universidad Pompeu Fabra