Secretos de despacho

Con la luz apagada en WWF y... en todo el mundo

Juan Carlos del Olmo dejará este sábado España a oscuras

La luz natural invade el despacho de Juan Carlos del Olmo, madrileño de 45 años y secretario general en España de World Wildlife Fund (WWF), organización que este sábado invita a todos los ciudadanos a unirse al movimiento La Hora del Planeta, una marea global de lucha contra el cambio climático. Se trata de apagar la luz desde las 20.30 a las 21.30 horas. Esta iniciativa arrancó hace seis años en Sídney (Australia), cuando se comenzaba a debatir sobre este asunto y tanto Gobiernos como empresas eran reticentes a hablar sobre ello. "Surgió para presionar a los Gobiernos de todo el mundo y frenar las emisiones de CO2", recuerda Del Olmo.

El primer año apagaron la luz dos millones de personas. Al año siguiente se celebró en Australia y Estados Unidos. En la tercera edición, la idea ya corrió como la tinta "y se convirtió en la campaña de defensa más grande del mundo", prosigue este directivo. En 2011, más de 5.000 ciudades de 135 países, empresas, Gobiernos, centros educativos y millones de personas se unieron para lanzar un encendido mensaje: todos juntos podemos salvar el planeta. Faltan solo tres días para la cita, en la que también participa el Grupo PRISA, y se muestra entusiasmado con la idea de que esa jornada se convierta en una pequeña y sencilla fiesta. "Queremos que la gente apague la luz pero que lo celebre". El momento cumbre será cuando todos los edificios oficiales y monumentos de las principales ciudades de España queden a oscuras. "Esta campaña llega ahora en un momento muy bueno porque los ayuntamientos están reduciendo gastos y su factura energética, lo que demuestra que con medidas sencillas se puede ahorrar mucho".

Juan Carlos del Olmo no duda en calificar a España como uno de los países más derrochadores, "está sobreiluminado, calentado y es ineficiente". Aconseja, porque a toda aquella empresa o institución que se suma a La Hora del Planeta, WWF le hace un seguimiento y le enseña a diseñar un plan energético. Entre los objetivos: apostar por las energías renovables y la eficiencia energética, con el fin de reducir las emisiones de CO2. También tienen en marcha un plan de rehabilitación de barrios para hacer más eficientes edificios enteros. "La política energética del Gobierno es errática. Le ha dado un parón a las renovables y tenemos mucho que ganar y que ahorrar".

A La Hora del Planeta se suman más de 135 países

Juan Carlos del Olmo encontró muy joven su verdadera vocación: siendo un niño, cuando veía en televisión el programa El hombre y la tierra, de Félix Rodríguez de la Fuente. Ahí comenzó su fascinación por la naturaleza, acrecentada después a medida que ha ido introduciéndose en el ambiente. "Empecé anillando pájaros y metiéndome poco a poco en campañas de concienciación y colaborando como voluntario en Adena hoy WWF", asegura. Fue a la universidad pero enseguida comenzó a trabajar como realizador de programas sobre naturaleza en Televisión Española. Más tarde tuvo que formarse en temas de gestión, de recursos humanos y de otras disciplinas que le permitieran afrontar con éxito la dirección de la organización que dirige desde hace 14 años. "Funcionamos como una empresa, con la única diferencia de que no repartimos dividendos".

La financiación de WWF proviene de los 35.000 socios que tiene en España, que aportan una media de 42 euros al año, además de donaciones, de la red de proyectos que tienen en marcha, de empresas y herencias. Esta última vía está calando poco a poco, aunque en otros países es mucho más habitual dejar una parte de la herencia a una organización no gubernamental. La plantilla es de 47 personas y tiene la sana ambición de no sobrepasar el medio centenar. "No queremos crecer en estructura y burocracia".

La vida tras los prismáticos

Trabaja en un cómodo y austero espacio en el centro de Madrid. Juan Carlos del Olmo asegura que vive en permanente conflicto con el orden. "Soy ordenado y lo necesito porque es la imagen de la organización, y parte de mi trabajo tiene un componente de relaciones públicas, pero vivo en cierto desorden", señala este ejecutivo. Su oficina y su despacho fueron concebidos hace una década intentando responder a un ejemplo de diseño sostenible. "El suelo es de linóleo y está compuesto de resina y de corcho, de manera que si algún día se cambia no se convierta en residuo", agrega.

Todos los puestos de trabajo están orientados a la luz natural, se ha eliminado el PVC de todo el cableado... "Con pequeñas cosas se pude hacer mucho". Entre sus objetos preferidos destacan unos prismáticos, con los que hace seguimiento a un nido de cotorras de kramer que tiene frente a su ventana y que asegura que son producto de la globalización. Cuenta que se evade de los momentos más duros del día a día refugiándose en los prismáticos. "Para un naturalista es la primera compra que hay que hacer. Te cambia la vida y puedes pasar horas y horas escondido en la naturaleza".

Otro objeto al que le tiene aprecio, además del oso mascota y símbolo de la organización, es una figura de Don Quijote, un personaje que se asemeja en su faceta de lucha a los ecologistas. "Porque somos unos incomprendidos por la sociedad y siempre hemos tenido que ir luchando contra gigantes sin caer en el desánimo". También le acompañan los retratos de su hija de 10 años.